El arca de la arquitectura. Las mutaciones del coronavirus


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El virus tiene mil mutaciones. La enfermedad convive como un nuevo depredador.  

Las vacunas van teniendo efecto curativo sobre las personas, pero la arquitectura se ha dañado gravemente. Ha cambiado la faz de la Tierra.

Ha sido un terremoto.

Un cataclismo.

La penúltima variación del Covid-19 afectó a los edificios de más de 50 años. Primero se empezaron a disgregar los muros más antiguos, quizás por efecto de los primeros aerosoles higiénicos y la dexometasona. Después se infectaron los cimientos, al reaccionar la hidroxicloroquina con el radón del subsuelo, debilitándose   las estructuras murarias y resquebrajarse las bóvedas. Como cuando Tito entró en Jerusalén para destruirla.

Peor que la actividad radiactiva fue la inflamación de los océanos, que recibían los residuos farmacológicos y los virus, tras la fabricación descontrolada de células mesenquimales. Con esta fiebre del agua marina ha subido la temperatura del globo, casi 3 grados. Y con el deshielo, el nivel del mar ha aumentado más de 5 metros, cubriendo cientos de ciudades, como Santa Cruz, Bilbao, Alicante, Barcelona, Cádiz, San Sebastián…. La mitad de Málaga y Sevilla tragadas por el kraken marino.

La solución fue peor que la enfermedad, al menos para la historia de la arquitectura antigua, que se ha ido quedando sin sus mejores ejemplos vivos en pie: El Escorial, el Teatro de Mérida, el Acueducto de Segovia, las Catedrales de León y de Córdoba están irreconocibles.

Los monumentos y los centros históricos de las ciudades se han convertido en las zonas ZERO de la devastación. Arrasados por un virulento Nabucodonosor. Y el 10% de la población ha huido ante las crecidas y no sabe dónde alojarse. Como la sagrada familia, antes de la Navidad.

Con el Rey de España en Ávila, la provincia más alta, y el gobierno de Europa en Sierra Nevada, se ha inaugurado el CUBO, un engendro de la ingeniería de la edificación. Este nuevo centro de operaciones, sucesor de EL HUEVO de Bruselas, es el nuevo Palacio del Presidente.

Salvada la población, se ha desmoronado la arquitectura que la ha cobijado desde la antigüedad, como una baraja de naipes.

Noé es el nuevo Presidente de la nación.

Es un urbanista sin mucha experiencia política, elegido tras el castigo en las urnas de su antecesor. Su compromiso es recuperar la tradición, la memoria colectiva como pilares del progreso de la humanidad.

Hoy 25 de diciembre se cumple el 4º aniversario del inicio de la Pandemia universal.

Se está configurando un nuevo Código de la Edificación.

¿Se debe olvidar el pasado?, ¿sólo se van a salvar las arquitecturas recientes?….

Como todos los años, hoy nace un Niño, llamado Jesús, bajo un cielo estrellado, al raso, sin techo que le cobije.

Sin arquitectura.