El sombrero de la libertad


Antonio Bolívar

En los años 60 del siglo pasado se dejó de usar el sombrero. Una década de hippies con melenas al viento acabó con él mientras vio llegar al hombre a la luna, enfrascado en un casco espacial.

En la prehistoria se habían usado cachos de pellejos para proteger la cabeza del frío. En todas las civilizaciones, los guerreros se enfundan cascos para salvaguardar el cráneo y la cara de golpes y proyectiles. También a los esclavos se les engorraba en la antigüedad para diferenciarlos de los hombres libres en Grecia y Roma.

En el medievo, los yelmos encerrados con una ranura y unos orificios apenas dejaban respirar. El morrión del siglo de Oro es el nuevo casco de tercios y conquistadores. Se ha diseñado en forma abarquillada para protegerse mejor de los espadazos y deja el rostro descubierto, para poder respirar mejor. Y así cimeras, celadas, capuchas, capirotes, boinas, tiaras, tricornios …. han ido ocupando la azotea humana.

A principios del siglo XX se va a encerrar de nuevo el casco de guerra, incorporándole una
mascarilla, para luchar contra desconocidos gases venenosos en los combates de la guerra mundial.

Asimismo, por motivos higiénicos surgieron gorros y mascarillas para luchar contra plagas y alergias, desde la primigenia careta afilada de la peste negra hasta la filtrante mascarilla anti-coronavirus.

Cada tiempo ha cuidado sus equipos de protección personal, sombreros para tiempos de guerra y otros para tiempos de paz.

Los sombreros fueron un invento útil para soportar largas horas al sol en el campo, pero no solo han servido de parasoles o de abrigo. También han sido signo de elegancia o distinción social. No es lo mismo un elegante sombrero en Ascot que una cofia.

Tampoco hay que confundir una mascarilla FPP1 con una FPP3, por si las moscas.

Hace 200 años, un sombrero de copa grandota, de ala muy ancha y estrecho en el centro, fue enarbolado por intelectuales como Hugo, Bécquer o militares como Bolívar como símbolo de libertad. Nació el “sombrero libertad”.

60 años después de no tener la cabeza tapada, necesitamos una prenda nueva para sobrevivir como especie. Lejos del heroísmo a pecho y cabeza descubierta, ante el triunfo de un minúsculo germen ¿volverá el casco protector?

¿Regresará el sombrero?

¿Será posible una auto-protección contra futuras epidemias bacteriológicas o víricas?

No bastará con una máscara, habrá que preservar ojos y oídos, boca y mejillas.

¿Necesitaremos un casco moderno en esta nueva Guerra de la Galaxia? Como el de Darth Vader, que nos permita respirar y relacionarnos sin riesgo.

¿Será hermético como el casco de una moto, con wifi, navegador y GPS?

¿Contará con respirador accionable y con diseño aerodinámico acorde con nuestros atuendos?

¿Quizás posea un ala ancha como “el sombrero de la libertad”?

En estas cavilaciones parpadeo y enfoco la vista al frente, en el sombrero de guerra de la realidad.

Un viejo casco de obra, licenciado, colgado en la percha. Un casco de plástico abs amarilleado, con un barbuquejo herido tras servir en cien batallas.

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