El lugar más sagrado de la tierra


Siendo la Mezquita de Córdoba o, mejor dicho, la Catedral Mezquita, un monumento religioso singularmente sublime, no es el edificio más mágico del mundo.  A 5.000 kilómetros de él se encuentra el lugar más sagrado de la tierra, en Jerusalén. Sí, se trata de la IGLESIA DEL SANTO SEPULCRO.

El Calvario y la Tumba de Jesús se encuentran enmarcados en una arquitectura seductora, pero ésta no es importante en sí misma. Entre sus murallones y capillas, se contiene el atractivo esencial, la atmósfera de los últimos instantes de la vida terrenal de Dios convertido en hombre, su último aliento.

En la ciudad vieja de Jerusalén sucedió la crucifixión, muerte y resurrección de Jesucristo hace más de 2.000 años, y el monte de su ejecución y la cripta de su enterramiento son los lugares más santos de la cristiandad.

Esos espacios han sido alternativamente venerados y devastados, ocultados y descubiertos, defendidos y perdidos, a lo largo de la historia.

Helena, la madre del emperador Constantino, descubrió su localización en el siglo IV y construyó la primera basílica.  Desde entonces su valor ha sido muy importante para el cristianismo. Los distintos avatares históricos han colocado a otras civilizaciones en el control de esta Tierra Santa, aunque, durante 200 años de efímero Reino Cristiano, los caballeros cruzados empezaron a estar presentes en Jerusalén como protectores y defensores de los santos lugares.  La Orden de Caballería del Santo Sepulcro es la más antigua, creada en el año 1.098 como guardia de honor del “Lugar” y protectora también de los viajeros que se convertían en peregrinos a Tierra Santa.

En tiempos revueltos, con atentados, con intromisiones de gobiernos y con intransigentes facciones locales, la religión cristiana parece amenazada y hay que seguir protegiendo los símbolos de la fe y fortalecer las comunidades cristianas en Jerusalén.

Si a la Meca el musulmán ha de ir una vez en la vida, Jerusalén aún hoy tiene un corazón reservado para los cristianos:  el Santo Sepulcro, donde se concreta la esencia de la fe cristiana. Con el mismo lema “Deus lo vult” (Dios lo quiere) se debe continuar la cruzada, pacífica y solidaria, y conquistar las almas de esas tierras santas.

La institución religiosa, antaño de carácter también militar, ha nombrado novísimo delegado del Gran Maestre a D. Luis Alberto Valero Aranda, caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro. Sin espada, envuelto en la capa de su perseverancia y desde tierras cordobesas, que también fueron de cruzada, D. Luis tendrá la responsabilidad de dirigir las acciones de la Delegación hacia la “Zona 0” de la cristiandad, esa “Puerta” abierta al Reino de los Cielos.