Urbanización hermética: la vivienda colectiva ideal


Aun reconociendo los avances, las nuevas edificaciones que se está construyendo en la
mayoría de las ciudades siguen sin ajustarse al 100% al modelo de ciudad compacta,
sostenible e inclusiva, que propone la DECLARACIÓN DE QUITO formulada dentro de la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III), en octubre de 2016.

En el ensanche de la ciudad, lejos de la almendra histórica, se ha producido un modelo
aparentemente ideal: La urbanización hermética, bloques mirándose al interior de la manzana con una zona común con piscina, pista de pádel y césped.

Niños encerrados en zonas residenciales bunquerizadas que tienen una sola puerta a la calle. Y junto a ella, una cabina de portería con una cámara de vigilancia. Donde no se suele entrar a pie, pues es más cómodo y “seguro” entrar en coche a través del sótano. En los alrededores no hay tiendas hoy y no las habrá. Se ha optado desde la normativa por dificultar los locales comerciales en planta baja y sustituirlos por patios privados. Se colocan tupidas celosías y barrotes, aislándose de la calle por motivos de seguridad. Sin embargo, la falta de “ojos” está demostrado que origina más bien calles inhóspitas, donde los padres no dejan a los niños salir solos y todos los desplazamientos son motorizados.

Este modelo de urbanización ha continuado otorgando la mayor preponderancia al coche. No es responsable con el medio ambiente y sus viviendas no son muy eficientes energéticamente.

¿Cómo se ha de concebir la vivienda del futuro? Está claro que debemos corregir algunos
defectos de los arquetipos que se siguen manteniendo por inercia, a pesar de haber resultado ineficaces y no dar respuesta a las verdaderas necesidades de la ciudad que crece dispersa, insolidaria e insostenible.

¿Dónde podemos mirar? Existen ejemplos, aunque se están produciendo con cuenta gotas que entroncan con fórmulas que surgieron en el mediterráneo, en la antigua Grecia, en Roma o en la tradición urbanística de Andalucía. Modelos como la CASA PATIO que debe recuperarse por sus inmejorables cualidades.

Se han de mejorar los modelos de vivienda colectiva actual para adaptarlos a los nuevos
tiempos y a las nuevas circunstancias económicas, sociales y ambientales, así como repensar la propia tipología del bloque lineal de los barrios periféricos que no se adapta a los nuevos patrones de sociedad ni a las condiciones bioclimáticas en una ciudad mediterránea.

Se debe partir de la relación entre clima y arquitectura, como aspecto clave en el diseño
arquitectónico. La obra de arquitectura debe beneficiarse de los aspectos positivos del clima y buscará protegerse de sus inclemencias. Siguiendo estos principios, es preciso entender el objeto arquitectónico como un modificador del sistema natural, que es a su vez alterado por las características del medio ambiente en el que se inserta. No parece lógico que una fachada situada a poniente (con viento y sol) tenga el mismo tratamiento de paramentos y huecos que otra que se sitúa al norte. El análisis de las condiciones climáticas para un contexto específico es importantísimo para no obligar a compensar los desequilibrios con el aporte extra de energía, descartando las bondades del diseño pasivo.

Habrá que cumplir con una normativa que seguramente se generó primando la producción de ciudad dormitorio en un boom inmobiliario, pero que también permite un modelo edificatoriosostenible si se aplica con esa voluntad. El patio como elemento sustanciador, con valores arquitectónicos, con agua y con vida. No debe ser un espacio residual ni tampoco tener más que huecos mínimos de higiene y ventilación. Los espacios comunes para uso de todos deben ser integradores, abiertos a la calle por múltiples puntos, en vez de generar zonas residenciales bunquerizadas.

Permitir la mezcla y a su vez la posibilidad de utilización para todas las edades, con espacios multifuncionales comunitarios, en vez de privativos, y reconsiderar el espacio de la vivienda desde una perspectiva de género, suprimiendo algunos defectos funcionales y añadiendo también elementos, a veces simples, que faciliten la conciliación familiar, sin discriminación de la mujer.

La edificación debe consumir pocos recursos energéticos y ser polivalente para que nadie
tenga que abandonar su vivienda, ni siquiera cuando las personas se hagan mayores, puesto que debe de ser un complejo residencial predispuesto a cubrir todas las necesidades, de hoy y de mañana, para ser nuestro FUTURO HOGAR.

Antonio BeGe
Octubre 2019

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