Álvaro tiene derechos


Álvaro no  forma parte de una especie protegida, y podría haberse visto abocado a la muerte antes de nacer, de no haber tenido la familia que tiene.

Álvaro / Foto: LVC

Álvaro es una personita entrañable, cargada de bondad, con una sonrisa eterna.  La pasada semana santa, Álvaro acompañó por primera vez a su cofradía. Probablemente sea el primer niño Down que lo haya hecho en la madrugada cordobesa.

Y es que Álvaro es un niño Down. Y por esa simple razón, la progresía actual lo considera prescindible. Hasta el punto de cuestionar en su momento el principal de sus derechos. El derecho a nacer.  Álvaro tuvo suerte. Sus padres poseen una firme conciencia sobre lo que está bien y lo que está mal. Unos sólidos principios éticos que les hacían ver que no eran dueños de esa vida. Que nadie es dueño de un ser humano. Sin embargo  cada vez se ven  menos chicos así, ya que la trisomía del par 21, causante de este síndrome, es causa para la interrupción voluntaria del embarazo, eufemismo que esconde la durísima realidad del aborto.

Hoy se ha hecho incuestionable una falacia: “Es mi cuerpo, es mi decisión”, olvidando que un bebé no es un hígado o un riñón. Que la madre lleva al hijo dentro, pero este es un ser humano distinto, con un ADN diferente. Hoy se pretende permitir que una chica menor de edad, que por ley no puede  adquirir una cerveza, un paquete de tabaco, o un boleto de lotería, pueda, sin conocimiento de sus tutores legales, acabar con una vida que crece dentro de ella. Hoy se propugna que, bajo la excusa de un inexistente acoso,  se orille el artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que permite rezar en público. Hoy se busca, por parte de un legislador prisionero de sus pactos con la radicalidad, evitar que la madre pueda reflexionar sobre lo que va a hacer, eliminando el plazo de tres días para reafirmarse en su decisión o simplemente prohibiendo que se le informe de las prestaciones, ayudas y alternativas a las que tiene derecho.

Hoy se defienden con loable entusiasmo los derechos de los animales, y se llega a considerar a alguno de ellos como miembros predilectos de la familia. Se persigue penalmente, y está bien que así sea, a quien injustificadamente les cause daño. Incluso antes del nacimiento de los mismos, como puede verse con  la protección de las nidadas de aves, cuya destrucción, en el caso de especies protegidas, puede acarrear penas de prisión además de severas multas. Sin embargo Álvaro no  forma parte de una especie protegida, y podría haberse visto abocado a la muerte antes de nacer, de no haber tenido la familia que tiene.

Álvaro es mi hermano. No es hermano de sangre, pero como si lo fuera. Nos unen otros vínculos, como la pertenencia a una misma cofradía.  Álvaro ha llegado a este mundo, en palabras de sus padres, para  remover las conciencias y regalar su alegría. Y Álvaro, y con él todos los Álvaros de este mundo, tiene derechos. Y el primero de ellos, fundamental, fue el derecho a nacer.