Descansa en Paz, costalero


Se ha ido en silencio. Acostumbrado a tantas madrugadas de negro ruan, quizás el silencio era en él lo más natural. Acaso también, para quien llevó sobre sí a la madre de Dios en los años de plomo, sufriendo en trabajaderas con huecos, racheando los pies y el alma, fuera natural soportar con estoicismo la penitencia de una vida que no fue justa con él. Se ha ido una persona que entendía su existencia en su relación con sus titulares, el Cristo de la Buena Muerte y la Reina de los Mártires. Se ha ido un ejemplo de humildad, entrega y espíritu de servicio.

Se ha ido un cofrade con mayúsculas. Un ejemplo para todo el que aspira a llamarse así. Uno para quien dejar en su momento el costal por la túnica no supuso más que asumir el natural paso del tiempo. Para quien la cofradía era la simbiosis perfecta en la que dar y recibir amor. Un trabajador entregado a su Cristo y a su Virgen. Un luchador que conoció muy de cerca las dificultades de la vida, y las venció con la ayuda de Dios y de María. Se ha ido el más humilde servidor, que nunca quiso distinción para sí. Que con naturalidad se ponía a disposición de la hermandad donde ésta le pudiera necesitar. Y así se fajaba bajo los pasos más duros, o se integraba sin pretensiones en el equipo de capataces, asumía los puestos de prioste o mayordomo, o vestía su túnica negra.

Se ha ido un cofrade que, aunque entregado a su hermandad, trabajó también con entusiasmo para aquellas que se lo pidieran, pues entendía las cofradías como un movimiento de hermanos. Esperanza, Sentencia, Buen Suceso, Paz, Cister, Santo Sepulcro, Amor, Misericordia… Donde una hermandad pudiera necesitarlo. Bajo los pasos, revestido de dalmática, vistiendo librea, con traje negro o con el cántaro de agua. Siempre intentando pasar desapercibido. Pero siempre dejando a su alrededor su ejemplo de entrega y de hombría de bien.

Chopo, no temas, hermano. El Cristo de la Buena Muerte se entregó por ti, y como hijo predilecto te acogerá. Su bendita Madre, la Reina de los Mártires, sabe de tu cariño. De tu entrega ejemplar. ¡Tantas noches en vela montando su palio! ¡tanto esfuerzo callado bajo sus trabajaderas! ¡Tantas oraciones musitadas hacia ella!

Cruza ahora con tu costal bajo el brazo las puertas del paraíso, cofrade ejemplar. Como tantas veces cruzaste con Ella el umbral de la Colegiata. Que brille para ti la mejor candelería; la luz eterna de Cristo. Descansa en paz, costalero.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here