Falacias municipales


Si nadie lo remedia, la memoria y la dignidad de la ciudad será pronto mutilada, precisamente por los que dicen defenderla. Serán víctimas del odio, la ignorancia o la conveniencia pactista, entre otros, un alcalde de los años 20 que murió en el 39 y se pasó la guerra en zona republicana, un prolífico literato monárquico que además pregonó la semana santa cordobesa. Un ministro de Obras Públicas que se dedico a hacer, precisamente, grandes obras públicas, o un rejoneador que donó a la beneficencia terrenos para construir viviendas sociales.
Con todo, lo peor es el insulto a la inteligencia esgrimido recientemente a coro por la alcaldesa y por el consejero de presidencia de la Junta de Andalucía. Ambos, al ser interpelados sobre la posibilidad de debatir sobre estos nombres con mayor profundidad y reflexión, e incluso valorar la opinión popular, abrumadoramente opuesta a esa decisión, han manifestado que es imposible porque «La ley hay que cumplirla». La excusa parece extraída del argumentario pergeñado para la ocasión, y está siendo repetida hasta la saciedad por distintos partidos de izquierda.
Pero es un argumento falaz. La ley es cuestionable, por supuesto. Hasta el punto que el propio partido socialista propone una profunda revisión de la norma nacional. Pero no es eso lo que se plantea en este caso. Mientras estén en vigor, hay que cumplir las leyes. Lo que se cuestiona es la interpretación torticera y sectaria que de la normativa autonómica se ha realizado. Inicialmente por parte de la comisión y al final, por el gobierno municipal que eleva a la categoría de verdad absoluta las cuestionables opiniones de un órgano consultivo.
Ninguna de las calles citadas recibió su nombre en conmemoración, exaltación o enaltecimiento del golpe del 36. Ni del régimen posterior. Ni a muchos de esos nombres se les puede considerar dirigentes del franquismo. Sostener eso es afirmar que el alcalde de Izquierda Unida que rotuló el barrio de Cañero hacía apología de Franco. Un disparate de antología.
En el fondo, la razón de este sectarismo del grupo socialista es que se siente incómodo si el PP vota en el mismo sentido que ellos, por lo que fuerzan a toda costa la ruptura, pese a que la inmensa mayoría de actuaciones por la memoria democrática contaban con el consenso de todos los grupos.
El muchas veces acomplejado Partido Popular recoge ahora firmas, temeroso de que la emergente formación naranja pesquero más aún en sus caladeros de votos. Un brindis al sol. No se espera que ninguno de los dos partidos incluya en su próximo programa la intención de revertir la situación. Quizás el que lo hiciera podría obtener un buen puñado de votos de cordobeses hastiados.

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