¿Tu verdad? No, la Verdad


¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Antonio Machado. PROVERBIOS Y CANTARES

Hoy no existen verdades. O, si existen, no interesan. Se han aparcado en provecho de las convenciones, mucho más cómodas para la convivencia, al menos inicialmente. La convención es una norma o práctica admitida tácitamente. También se entiende por convención un pacto. Y, aunque en desuso, la Real Academia admite además que convención significa coincidencia o conformidad.
La convención no es necesariamente mala, ni mucho menos. Pero sí es incompleta, en tanto que la verdad objetiva es menos importante que el pacto. Fruto de ese convencionalismo, o quizás origen del mismo, el relativismo se ha adueñado de la sociedad, hasta el punto de que la defensa de lo que alguien considera una verdad objetiva parece atentar contra la comunidad. Se produce entonces la paradoja de que se eleve al rango de derecho inalienable y absoluto lo que es fruto de la convención y del relativismo.
Así, por ejemplo, la pertenencia a un sexo (que nada tiene que ver con la inclinación sexual), no está ya sometida a las leyes de la biología y la genética. Olvide lo aprendido en la ESO sobre los cromosomas XX o XY. El género lo marca la libre voluntad del sujeto, y pobre del que ose decir lo contrario. Será tachado inmediatamente de homófobo y fascista, aunque sea un declarado homosexual liberal como Moncho Borrajo.
Otro ejemplo: El relativismo acuerda que, desposeída de alma (si no es creyente, llámele «humanidad», o cualidad del ser humano, que a estos efectos sirve perfectamente), tanto da la vida humana como cualquier otra. Los derechos de ambos son similares, y es igual matar un ser irracional que una persona. Y así las redes sociales, y algún político que aprovecha el viaje, claman contra la muerte de animales (hasta aquí perfectamente lícito), mientras desean lo mismo a humanos, tanto nacidos como no nacidos, y califican de asesinos a taurinos y cazadores. De nuevo, quien le contradiga será acusado de criminal fascista, aunque sean personajes que jamás mataron una mosca y no ocultan su ideología de izquierda como Pablo Picasso, García Márquez o Joaquín Sabina.
Tercer caso. Un grupo de españoles descontentos se inventan un derecho. Lo revisten del bello traje de un nombre pomposo: derecho a decidir. Aunque en realidad la decisión corresponda a un colectivo mucho mayor, el pueblo español en su conjunto, del que emana la soberanía. Se inventan un referéndum sin censo, sin colegios legalmente constituidos, sin mesas electorales, sin papeletas, sin cabinas, con urnas opacas que ya llegan llenas al punto de votación, Sin la más mínima garantía democrática. Y deciden que son una nación, aunque la historia y la ley diga lo contrario. De nuevo, pobre que quien les contradiga, porque será airadamente tildado de… ¿lo adivinan? Exacto: de españolista fascista. Aunque sea tan catalanista y de izquierda como Serrat, que se negó a ir a Eurovisión si no le dejaban cantar en catalán.
La comparación de casos puede parecer descabellada. Pero, piénselo, lector. ¿Cómo puede decirle a alguien que no tiene derecho a ser un país, que al fin y al cabo sí tiene mucho de convención, pero sí lo tiene a ser mujer (u hombre) por el mero hecho de desearlo?
A lo mejor, el problema es que no basta desear algo para serlo, o para tener legítimo derecho a ello. Quizás la culpa es de Disney, que dotaba a los animales de alma y convertía en realidad los deseos de las princesas. Aunque pensar eso pueda hacer de mí un fascista. Pero bueno, visto lo visto, seguro que también era un fascista Antonio Machado.

¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
Si dices la otra mitad
Antonio Machado. PROVERBIOS Y CANTARES

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