Cordobés, la alcaldesa te engaña


Y no te va a salir barato, que es lo peor. Porque, reconócelo. Que un político intente engañarte tampoco va a ser una novedad para ti. Más que el hecho en sí, lo que te quema por dentro es que piensas que te deben haber visto cara de tonto. Eso y la pasta que te va a costar, paisano. Porque, no nos equivoquemos, esto lo vamos a pagar a escote tú y yo, y algún otro pringao como nosotros. Y todavía no sabemos por cuanto va a salir la convidá. Pero no tiene pinta de barata, porque están pidiendo jamón de bellota, a sabiendas de que, aunque no lo catemos, corre de nuestra cuenta.
La comisión de expertos formada para reclamar la titularidad del Conjunto Monumental Mezquita Catedral es, directamente, un engaño. Una costosa máquina de fabricar humo creada para distraer a la ciudad de sus verdaderas preocupaciones. ¿Que Córdoba, la ciudad que presumía de ser una de las más limpias de España, está hoy hecha una porquería? Expropiemos la Mezquita. ¿Que el tráfico es un caos, el centro una trampa mortal, y el casco urbano inaccesible? Expropiemos la Mezquita. ¿Que la ciudad no levanta cabeza en el empleo, y deshace su escaso tejido productivo a base de trabas burocráticas? Expropiemos la Mezquita. ¿Que el Ayuntamiento ha demostrado su incapacidad en materia turística cerrando en momentos de máxima afluencia Alcázar y museos? Expropiemos la Mezquita, que es de lo poco que funciona bien, y nos va a dejar en mal lugar.
Porque lo normal sería que una comisión de expertos tuviera por objeto la búsqueda de la verdad y la justicia. Pero no es el caso de ésta. Si buscara la verdad, incorporaría prestigiosos expertos de una y otra postura, buscando el equilibrio y el diálogo. Sin embargo, desde su propio origen ha vetado a cualquiera que defienda la titularidad eclesial del principal templo católico de la diócesis. No formará parte de la comisión quien piense que la Iglesia tiene sólidos argumentos jurídicos e históricos para ostentar su propiedad, porque su misión no es buscar la razón, la verdad, la justicia y el derecho, sino elaborar argumentos para su expropiación.
Y no importa que los más prestigiosos juristas hayan manifestado la absoluta legalidad de la inscripción. No importa que doctos profesores, notarios, registradores y otros expertos proclamaran la justicia de la titularidad eclesial. No importa que los técnicos de la Dirección General de Patrimonio determinaran la propiedad de la Iglesia desde 1236. No importa que los jueces hayan dictaminado en el mismo sentido. No importa que la UNESCO valore muy positivamente la gestión de la Iglesia para el monumento. No importa que la propia Asesoría Jurídica del Ayuntamiento elevara un informe sobre la imposibilidad de reclamarlo. No importa, porque eso no es lo que quieren escuchar.
Es por eso que se le encarga la presidencia de la comisión a un político jubilado, con 83 años, que ya era Subsecretario de Estado en tiempos de Franco, y que no es jurista de profesión, sino farmacéutico. Porque firmó con la plataforma expropiatoria, porque interpreta la voluntad del Papa Francisco por los «memes» que circulan por internet. Porque está dispuesto a mentir sin sonrojarse respecto a las condiciones de la distinción de Patrimonio de la Humanidad. Porque se ha comprometido a encontrar a otros estómagos agradecidos dispuestos a firmar con él lo que le pongan por delante, para revestir de cierto barniz de prestigio internacional un dictamen que ya se conoce.
Es decir, vecino: Esto nos va a costar un pastizal para que cuatro personas le digan a la alcaldesa lo que ella quiere oír. ¡Pues para ese viaje no hacía falta alforjas! Pero a ella le da igual. Porque es lo que le han pedido sus socios de la izquierda radical, y porque lo pagamos tú y yo. ¿Qué no te gusta la idea de apoquinar convidadas ajenas? Pues es lo que hay. No haberla votado.
…Ah, que tú tampoco la votaste. Bueno.

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