A la Gloria… ¿En la Catedral?


Pasó ya la Semana Santa. La carrera oficial, por fin, tuvo un sentido. Un recorrido común que llevaba al templo mayor de la ciudad dotando de sentido eclesial a las estaciones de penitencia de las cofradías. Las distintas piedras puestas en el camino por grupos minoritarios aunque ruidosos resultaron insuficientes para parar el clamor de los cofrades. Tiempo queda para el balance y el estudio de mejoras que, siendo necesarias, no pueden empañar el éxito general de este año. Así, habrá por delante casi un año para hablar de la ubicación del palco de salida, el adecentamiento del recorrido, la visibilidad de los palcos, la ubicación del desproporcionado de autoridades, la accesibilidad, etc. Todo es matizable y mejorable, pero felizmente, el camino de las hermandades a la Catedral es irreversible.
Mas ahora es tiempo de glorias. Los medios de comunicación cofrade de la ciudad (sólo los que pueden llamarse de tal modo con cierta dignidad) se han hecho eco a estas alturas del interesante Pregón que pronunció Bernabé Jiménez el sábado de la octava pascual. Jiménez, además de aportar la frescura de unas formas novedosas, dejó en el aire unas reivindicaciones que convendría valorar con detenimiento. De todas ellas, la más destacable podría ser la dignificación de la exaltación de estas hermandades, para lo que propuso que en próximas ediciones se realizara en la Catedral y ante una imagen de gloria trasladada ex profeso para presidirlo.
El modelo es similar al puesto en práctica en la actualidad en Sevilla, aunque tampoco allí fue siempre así. En los años ochenta y noventa se celebraron en la parroquia del Salvador, en el teatro Lope de Vega, en la misma sede del Consejo de Hermandades, y, cuando se optó por su traslado, se hizo generalmente al patio de los Naranjos hispalense, hasta el de 1997.
En cualquier caso, sea idea original o inspirada por los usos de otras ciudades, parece haber calado en la Agrupación de Cofradías, que se muestra dispuesta a estudiarlo. Aparte, lógicamente, de recabar el beneplácito de Cabildo y Obispado, el necesario complemento del traslado de una imagen podría ser el aspecto más complejo. Y ahí es donde las entidades implicadas deben volcar sus esfuerzos. En claro paralelismo al via crucis cuaresmal, el traslado podría tomar el formato de Via Lucis, como corresponde al tiempo litúrgico pascual, y además compensaría la desaparición del rosario de la aurora que antaño se organizaba. Ganaría con ello el Pregón. Ganarían las hermandades. Ganaría Córdoba, y ganaría en difusión el piadoso ejercicio del via lucis.

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