Gobernados desde la taberna


Desconcierto. Esa es la sensación que invade al cordobés medio cuando se dirige a su ayuntamiento. Como es sabido, las pasadas elecciones municipales otorgaron un agridulce triunfo al Partido Popular, insuficiente para formar gobierno.  Y mientras éste andaba dudando sobre si la culpa era del empedrado, o se hacía necesario asumir cierta autocrítica, el Partido Socialista, Izquierda Unida y Ganemos, pactaban, en la taberna de la Sociedad de Plateros, entregar a Isabel Ambrosio el bastón de mando. Y ese es realmente el problema. Que casi dos años después, el gobierno de la ciudad sigue emanando efluvios de tasca. Solo así pueden explicarse sus acciones en multitud de ámbitos, y especialmente en su relación con la Iglesia y las cofradías.

El economista y comunicador Carlos Rodríguez Brown afirma con humor que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo. En concreto el chivo expiatorio. Los antiguos judíos reían expiar los pecados de la comunidad cargándolos simbólicamente sobre un macho cabrío que abandonaban a las fieras en el desierto. Por analogía se designa hoy chivo expiatorio, o cabeza de turco, a aquella persona o institución a la que se culpa de todos los males para esquivar así la propia responsabilidad. Y el ayuntamiento de Córdoba ya ha elegido su chivo expiatorio: La Iglesia.

¿Que el Ayuntamiento  no atina a calcular correctamente el IVA en el pliego de contratación del espectáculo del Alcázar, volviendo así a retrasar su adjudicación? La solución municipal para revitalizar la mayor industria de la ciudad, que, para bien o para mal, es hoy por hoy el turismo, es amenazar la supervivencia del único evento que a esas horas sobrevive con éxito, generando pernoctaciones; la visita nocturna al Conjunto Monumental Mezquita-Catedral. ¿Que el paro en Córdoba no evoluciona favorablemente, a diferencia del resto de España? Reduzcamos las subvenciones a las organizaciones de origen eclesial, aunque su labor social sea innegable. ¿Qué Capitulares es un caos circulatorio? Quejémonos del exceso de actos cofrades, incluyendo entre ellos un simple ensayo. ¿Que la cultura en la ciudad está a punto de desaparecer? Paguemos con dinero público, con el que al parecer no hay que tener cuidado porque no es de nadie, un panfleto para insultar a las hermandades. ¿Que una institución de Córdoba, la Iglesia, sobresale por encima de todas en su gestión turística y cultural? Intentemos apropiarnos de lo que tenga, pese a que todos los juristas digan que es un dislate intentarlo. ¿Que las cofradías pueden ser una locomotora para el turismo en Semana Santa, mientras otras acciones municipales carecen de repercusión? Dilatemos intencionadamente la apertura de la puerta que les beneficia, pese a que la Unesco haya dicho que es justo y conveniente. ¿Que los espacios municipales son un ejemplo de pésima gestión, en la que prima el amiguismo y la ideología tendenciosa? Pues, si alguien pregunta por la cesión gratuita del Centro de Visitantes para una fiesta-exaltación del dictador Fidel Castro, respondamos que las hermandades tienen que pagar el Gran Teatro, aunque el convenio firmado contemple esa partida.

Como consecuencia del pacto tabernario no se sabe quién gobierna realmente la ciudad. Podría ser la alcaldesa, reincidente en el mantra de la mezquita pública pese a que sus asesores profesionales le han advertido de su inviabilidad. La misma que al darse cuenta del ridículo culpa a los periodistas por preguntarle. Podría ser  el primer Teniente de Alcalde, Pedro García, que como diría su homónimo, el periodista deportivo, no tiene una mala palabra ni una buena acción. El que se reviste de ofendida dignidad municipal para defender la jurásica burocracia que, en tiempos de oficinas virtuales y certificados digitales, necesita un papel físico con sello y firma para empezar a mover una licencia. O probablemente, los alcaldes en la sombra, los que realmente mandan en la ciudad, sean los ediles de la peculiar agrupación subjuntiva  Ganemos, que sostiene a los anteriores. De ahí que el presidente de la Agrupación de Cofradías se reúna con ellos.

No sabemos quién gobierna en Córdoba, porque toda la actividad municipal deviene de un acuerdo de taberna. Pero sí que sabemos quién, sin haberse tomado ni un medio en esa reunión,  va a pagar la cuenta: Usted, lector.

 

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