Curro, los sacapasos, y el deporte sacro


Luis Miguel Carrión es uno de los capataces con más éxito de Córdoba. A sus órdenes trabajan varios centenares de costaleros, bajo los pasos del Amarrado, Candelaria, Gracia y Amparo, Trinidad, Perdón, Rocío y Lágrimas, Amor, Gracia, Sepulcro y Desconsuelo. Personas que, en la mayoría de los casos, realizan esta labor de forma aficionada, acercándose a la cofradía sin ser hermano de la misma, aunque con mucha frecuencia terminan por solicitar el ingreso en ella. De la mano de Carrión, por ejemplo, ingresó en la hermandad del Santo Sepulcro su actual hermano mayor.

No obstante, se le ha reprochado a sus costaleros cierto desinterés hacia la cofradía a la que sirven, con el argumento de que no están allí por los titulares, sino por su capataz. Por ello suelen recibir el calificativo poco cariñoso de «sacapasos».  Como si no estuviéramos acostumbrados a ver cuadrillas de hermanos que abandonan el paso al producirse el relevo en el martillo, y en la mayoría de los casos, no para vestir la honrosísima túnica, sino para criticar desde la acera el trabajo del recién llegado.

Sin embargo, Carrión es consciente de cierto vacío en la vida espiritual de las cuadrillas, y se ha propuesto, según sus propias palabras, dar una vuelta de tuerca en ese asunto. Cansado de ver cómo acuden a pedir hueco algunos aspirantes carentes, no ya de devoción a esa imagen, sino siquiera del más mínimo interés espiritual, se propone demostrar que ser costalero no es practicar un «deporte sacro». Ser costalero es estar llamado al elevado servicio de portar,- a ser posible, con oficio, arte y elegancia-, el más preciado tesoro devocional de la cofradía. Por ello va a hacer algo que en muy pocas corporaciones se hace: Cuando lo frecuente es que los costaleros eludan los actos de culto y se reúnan en eternas convivencias en torno a cerveza y combinados, Curro va a convocar a sus hombres para una jornada de retiro espiritual, en la que la oración, la reflexión sobre la Palabra de Dios y la Eucaristía centrarán las actividades.

Yo sigo creyendo en la figura del hermano costalero. O mejor, del hermano que, en determinado momento de su vida, opta de forma temporal por el costal para realizar su estación de penitencia portando a su titular. Pero en estos momentos, en que el poder de algunas cuadrillas aumenta exponencialmente, hasta copar relevantes puestos de juntas de gobierno y dirigir el devenir de las hermandades, destaca de forma especial el gesto de Curro. Busca que sus costaleros profundicen en la formación, la espiritualidad, y el amor a Cristo y a la Virgen María. Así, y no solo mandando con elegancia y conocimiento, se engrandece el movimiento cofrade. Honra con ello el nombramiento que recibiera hace un par de años. Y es que Curro es, también por cosas como estas, un Cofrade Ejemplar.

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