El comunicador ejemplar


Como a estas alturas todos los cofrades saben, la Agrupación de Hermandades ha designado Cofrade Ejemplar a Francisco Pérez Jiménez. En su nominación se aúnan numerosos méritos. Sin duda, la labor realizada para su hermandad del Huerto tiene un peso importante. Paco ha sido siempre hermano de su cofradía, desde su refundación. Ocupó dos veces el cargo de Hermano Mayor, ha sido costalero, exaltador, miembro de junta de gobierno, y anónimo hermano de cirio. Cada cosa según su hermandad ha ido necesitando, y siempre dando ejemplo de pertenencia a un colectivo de Iglesia.

Pero la relevancia pública le ha venido derivada, sobre todo, de su labor informativa. Hace más de treinta años, cuando prácticamente había que pedir perdón por informar de cofradías, solo unos pocos se atrevían a llevar el movimiento cofrade a los medios de comunicación. Antonio Varo iniciaba en esa época en Diario Córdoba una numantina defensa de la religiosidad popular, con una columna cuaresmal que era esperada como agua de mayo por los cofrades.  Y Francisco Pérez acercaba a las ondas de la Cadena COPE el mundo de las hermandades, con un equipo lleno de entusiasmo y con ideas y proyectos que aún hoy no se han mejorado, como el informativo “Getsemaní” y el concurso infantil “Córdoba, Nuestra Tierra”. Pasaría después por otras emisoras, por la prensa escrita, y por la televisión. Sus retransmisiones en la emisora municipal fueron pioneras en una ciudad que comenzaba a despertar a la Semana Santa.

Quizás Pérez no posea el atractivo para las cámaras de Matías Prats. Quizás su dicción no sea la de Luis del Olmo, su popularidad la de Carlos Herrera o su prosa la de Antonio Burgos. Pero pocos comunicadores han afrontado como él el reto de informar, desde un prisma de servicio humilde, a una causa en la que se cree. De evangelización popular. De respeto a la institución, no exento de educada crítica cuando pudiera hacer falta. Paco Pérez sabía que el mundo cofrade merecía un sitio en la prensa, y siempre supo dárselo. Buscando que cada programa sumara, en la labor de hacer de las hermandades algo conocido, cercano y popular.

Los tiempos cambian, y hoy la pujanza de la información de hermandades es incontestable. Los medios son conscientes de la popularidad de este movimiento y de los beneficios que les reporta. Ya cualquier diario digital o tradicional, incluso los de perfil aparentemente laicista, tienen en la sección de cofradías un pilar importante de su redacción. Todo el año se escribe de hermandades, y llegadas las fechas más señaladas, los diarios y emisoras redoblan el esfuerzo editando suplementos extraordinarios (algunos de ellos, extraordinarios de verdad), carteles, programas, y toda clase de métodos para reafirmar su implicación hacia este movimiento, a la vez religioso y popular.

Pero hoy, el problema de la información cofrade no es tanto su escasez como su banalización. Cualquier cuestión, otrora intrascendente, tiene ahora repercusión mediática, y lo accesorio de las cofradías adquiere una dimensión desproporcionada. Desde algún blog, hay  supuestos cofrades, que difícilmente aprobarían un examen de redacción de secundaria, y a las que parece que el costal les aprieta el cerebro hasta restringir su capacidad de obrar, que vierten su bilis y frustración disfrazándola de información sobre hermandades. Escondidos en el más cobarde anonimato, lúgubres personajes tabernarios mancillan desde esos medios el honor de las personas y el de su propia cofradía.

No es más que el signo de los tiempos. De un momento en que, ausente de valores, cualquier individuo desata impunemente su cólera en las redes sociales, sin detenerse a pensar en las consecuencias. En estas circunstancias brilla con especial luz el ejemplo del verdadero cofrade. Este año, el de Francisco Pérez. Y de otros que, como él, son verdadera gente de paz y bien.

 

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