Las prisas del concejal


La verdad es que no debe ser nada fácil soplar y sorber a la vez. Por eso, no deja de ser curioso ver cómo los políticos siguen intentándolo, en la búsqueda de una fórmula para contentar a todos los sectores de la sociedad. Tanto a aquellos que conforman lo que los politólogos y tertulianos denominan el caladero natural de votos, como los que aparentemente lo hacen en sentido contrario.
El caso es que, por definición, las cofradías deben escapar de ese encasillamiento. Como movimiento de Iglesia que son, han de conservar siempre una distancia crítica respecto de cualquier ideología. Por eso, y por el peso indudable de las hermandades en la sociedad andaluza y cordobesa, sus relaciones con el Ayuntamiento han sido cordiales aun con gobiernos de muy distinto signo. Además, esto de romper con el estereotipo no debería tener nada de extraño, en un tiempo en que hay hipsters que votan a Ciudadanos, directivos de banca que lo hacen a Unidos Podemos, o miembros de «Stop Desahucios» que depositan la papeleta del Partido Popular (Que alguno habrá, ¿no?)
Precisamente esa distancia crítica debería hacer que las hermandades fueran miradas por el Ayuntamiento como un gran proyecto de ciudad, tal y como el Teniente de Alcalde, Emilio Aumente, indicó en el programa Córdoba Penitente de la cadena COPE. Es lógico, por otra parte, ya que, sin soslayar su militancia religiosa, los valores asociativos, culturales y económicos de este movimiento son determinantes en la vida diaria del municipio. Sin embargo, el concejal delegado para las cofradías se ve también en la obligación de satisfacer a otros sectores, donde quizás espera recabar algún voto, o contentar a compañeros de viaje de marcado laicismo, que no ven tan claro eso del «proyecto de ciudad».
Debe ser por ello que el concejal responsable, recordando sus primeros tiempos al frente de seguridad, en los que generó un problema de relaciones con la agrupación por sus declaraciones sobre las manchas de cera, las horas extras de la policía, los ensayos, el calor de la Magna Mariana, y cuestiones similares, ha mutado su cordialidad en severidad. Apremia ahora a las hermandades a entregar ya el proyecto de carrera oficial, acaso con la velada amenaza de no autorizarlo.
Probablemente no recuerda que en este año 2016, con todas las cofradías ya en la Catedral, y con cambios absolutamente sustanciales en lo acostumbrado, recibió el dossier prácticamente en cuaresma. No recuerda que la Agrupación le anticipó, antes de elegir el proyecto definitivo, todas las opciones barajadas, con inclusión de las zonas de palcos y sillas, -único aspecto que no existía el año anterior-. No recuerda que los servicios de Seguridad y Vía Pública los analizaron concienzudamente. No recuerda que en fechas recientes la Agrupación de Cofradías le ha elevado el planteamiento definitivo, a falta de unos flecos en algún recorrido parcial de algún día. No recuerda que todo eso ya lo sabía cuando, a las puertas de la Asamblea de hermanos mayores que dilucidaría la cuestión, indicó que se haría lo que las cofradías quisieran, sin manifestarse a favor de una opción concreta.
O sí lo recuerda. Pero, como político, querrá sorber, soplar, e incluso sonreír para la foto, todo a la vez. Y queriendo contentar a todos, finalmente no conseguirá satisfacer a ninguno.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here