Laicista, ¿Qué haces tú por los demás?


La Iglesia Católica recibe en estos tiempos ataques furibundos por parte de diversos colectivos de corte populista.  Están de moda  actualmente las mociones laicistas en ayuntamientos y las proposiciones al Congreso de los Diputados. Proliferan, para rédito político de sus gestores,  observatorios y plataformas expropiatorias, y puede apreciarse una ofensiva en redes sociales que no se corresponde con el peso real de este sector. Pretenden todos ellos, si no prohibir abiertamente el culto, sí al menos circunscribir su actividad al ámbito privado, pese a que la Declaración Universal de Derechos Humanos consagra y protege la libertad religiosa en su artículo 18, haciendo especial hincapié en el derecho a su manifestación pública y a su enseñanza.

Mientras algunos buscan  sembrar odio a esa iglesia, sus distintos movimientos; y especialmente, el más numeroso de ellos: las cofradías; se abren cada vez más a la sociedad que les rodea. Y lo hacen especialmente llevados por el mandato de la Caridad. La palabra que se ha querido proscribir en favor de otras muy loables, como solidaridad, filantropía o acción social, pero que para esos cristianos es la más importante, pues Caridad es el mandamiento nuevo de Amor sin fin, a Dios sobre todo, y a los hombres como a uno mismo.

Cada hermandad, por pequeña que sea, y por muchas necesidades que atraviese, destina una parte no desdeñable de sus ingresos a colaborar con este fin. Al anónimo hermano que atraviesa un mal momento, o a la lejana misión en la que otros católicos hacen el bien. En proyectos pequeños y callados, o en grandes centros de ayuda al necesitado. En el anciano silencio de la clausura o en el juvenil y alegre estruendo de tantas fundaciones cristianas. Y, por encima del económico, ponen en ello su mayor capital. El humano. Y así, jóvenes y mayores se echan a las calles cada vez que son convocados con este fin. Bangassou, Cáritas, Estrella Azahara, Adevida, Don Bosco, diversos pisos de acogida, proyectos de reinserción, residencias de mayores, y un larguísimo etcétera son objeto del voluntariado cofrade.

La “Gran Recogida” ha sido quizás la más reciente de estas movilizaciones. El Banco de Alimentos, organización apolítica y aconfesional, ha contado con el apoyo de los jóvenes de  las Angustias, Jesús Caído, el Carmen, Amor, Vera Cruz,  Santo Sepulcro, Sentencia, Descendimiento, Caridad, Pasión,  Rayo, Penas de Santiago, Huerto, Expiración, Cena, Cabeza, y muchas otras cofradías de la ciudad y de toda la provincia, mano con mano con voluntarios de otras organizaciones e incluso otros credos. Porque es necesario. Porque es  bueno. Porque, para los cristianos, es una expresión de amor.

¿Dónde estuvieron los demás? ¿Dónde las plataformas y observatorios? ¿Dónde estaban, los que dicen estar con la gente?

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