Pastoreando cofrades


Pedía el Papa Francisco, durante su primera Misa Crismal, que los sacerdotes fueran pastores cercanos a su grey. “Con olor a oveja”, dijo. Y sin duda el movimiento de iglesia más numeroso de Andalucía no estaba excluido de esta afirmación. Aunque en el caso del rebaño cofrade, el olor probablemente sea el del incienso consumido en una estación de penitencia y a la miel procedente de una candelería derretida. Un olor que a priori debería resultar muy familiar al pastor.
Y en la mayoría de los casos, la verdad, hoy los cofrades ya no pueden quejarse. Atrás van quedando poco a poco los tiempos en que la propia jerarquía veía la piedad popular como algo más folclórico que eclesial. Ahora el pastor es, la mayoría de las veces, cercano. Conoce la fuerza del movimiento. Lo comprende y lo orienta a sus verdaderos fines. Se preocupa de su formación y no los ve como los hermanos menores de los movimientos de Iglesia. Incluso, para algunos de los más jóvenes, su pertenencia a una hermandad supuso un paso hacia la ordenación. No obstante, aún no es así en todos los casos, y nunca está de más reforzar esa cercanía.
Recientemente, ante noticias de elecciones suspendidas, gestoras, impugnaciones, ausencia de candidatos, rupturas radicales con el hermano mayor precedente, y otras similares, un cofrade joven preguntaba a otros más veteranos si el mundo de las hermandades siempre había sido así de convulso, o los nuevos tiempos habían traído consigo estas enfermedades propias de etapas de crecimiento. Los de más edad concluían que problemas existieron siempre. Gestoras de larga duración, formadas por hermanos o incluso por personas ajenas a la cofradía intervenida, existencia de oposición interna, pleitos entre cofradías, o incluso entre una cofradía y su obispo, se han dado a lo largo de los tiempos. Pero también reconocían que en la actualidad las posturas se extremaban. Y se despellejan ahora de forma inmisericorde a hermanos mayores o a candidatos, cuando antes la crítica era discreta y correcta, tanto en el tono como en la forma.
Quizás simplemente por la dimensión informativa que han alcanzado las cofradías, que aumenta su repercusión. Quizás también porque las generaciones precedentes podrían ser menos cofrades, y desconocer cuestiones de priostía, bandas, capataces o vestidores que hoy no escapan a cualquier adolescente cofrade, pero eran, sobre todo, personas de Iglesia. Tenía claro la oveja aquello que no siempre tuvo el pastor. Y por esa razón solían aceptar las correcciones, o al menos valorar a la institución por encima de las personas. De hecho, el decreto que aprueba la Normativa Complementaria al Estatuto Marco, para argumentar su necesidad hace en su introducción una clara referencia a la “pérdida de sentido de pertenencia eclesial”
Ahí es donde de verdad debe cuidar a las ovejas el pastor. En el día a día de la hermandad. En contacto directo con ellos. Dirigiendo una oración en el ensayo. Asistiendo a las juntas de gobierno. Dialogando siempre con todos los sectores y sensibilidades de la cofradía. Conociendo a los hermanos. Integrándolos de pleno en la vida del templo y en su plan pastoral. Velando porque el espíritu fraterno inunde a toda la corporación. Así, “sin perderle la cara al difícil toro de la cofradía”, el pastor no podrá sorprenderse del olor que despiden sus ovejas cada cuatro años.

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