La hora de la verdad


El próximo martes, las hermandades afrontarán una asamblea que marcará el futuro de la Semana Santa. En ella se realizará una doble votación. La primera decidirá si se produce o no el traslado a la Catedral. La segunda elegirá el trazado entre dos opciones.

Para un importante número de cofrades de nuestra ciudad, la segunda de las cuestiones es de una relevancia mucho menor que la primera. Indudablemente un trazado puede resultar más factible o conveniente para determinadas cofradías que el otro. Pero ambos están perfectamente estudiados, y son asumibles con organización y esfuerzo. Sin embargo, la primera de las preguntas es determinante. Y es, precisamente, la que algunos aspiran a empatar, ya que no a ganar.

De las cofradías que ya acudían libremente al templo mayor cabría esperar un compromiso firme con la causa del traslado. Son las que con su loable esfuerzo marcaron el camino. Las que con el palermo de su diputado de horas comenzaron a abrir la esperada segunda puerta. Las que siempre tuvieron claro qué momento era el que dotaba de sentido eclesial su estación de penitencia. Las que, con el magisterio de su ejemplo, poco a poco fueron convenciendo a las demás de la conveniencia de ir a la Catedral.

Por eso resulta sorprendente y doloroso ver cómo algunas de esas hermandades son las principales opositoras a este traslado. Las excusas esgrimidas son, fundamentalmente, la falta de tiempo para el estudio y la conveniencia de esperar la resolución, aparentemente cercana, del asunto de la segunda puerta. Pero a ninguno escapa que los argumentos reales son otros: En la mayoría de los casos la motivación es que, de continuar todo como estaba en el 2014,  estas cofradías creen que podrían seguir realizando estación en la Catedral sin necesidad de reajustar horarios ni posiciones. En alguna pesa también la pérdida de parte del recorrido que consideran especialmente atractivo.

Se vacía con ello de contenido la expresión “bien común”, aunque se siga utilizando en las argumentaciones. No se termina de comprender que algunas cofradías necesitan que la carrera oficial no les aleje de su destino. Una carrera oficial disuasoria, que era la que tuvimos hasta el año pasado. El planteamiento conlleva además una grave incongruencia. Entre los que proponen el “No” en la primera votación, -aunque con la eufemística coletilla de “Ya en el 2018 lo vemos, si eso”-, figuran algunos de los artífices de que se lleve a pleno la alternativa de trazado propuesta por el Viernes Santo. Es decir, alguna cofradía ha firmado para que se pueda contemplar una opción en la segunda votación, pero en la primera votará para impedirlo.

Por eso, al parecer, algunas cofradías van a solicitar, con toda legitimidad, que el voto sea secreto. Para evitar el rubor que produciría ver a los hermanos mayores más catedralicios levantarse y votar “No” a la Catedral.

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