Los concejales tristes


Los últimos días están siendo de gozo para una gran parte de los cordobeses. Los cofrades están dichosos por el informe de la UNESCO que, recordémoslo, no sólo no encuentra problema en la sustitución de la famosa celosía, sino que ve con buenos ojos para el monumento su uso litúrgico y el paso de procesiones. Y los católicos en general por el informe de la asesoría jurídica del Ayuntamiento, que con toda claridad expone la imposibilidad jurídica de inscribir la mezquita a nombre de la corporación municipal.

Sin embargo, no todo el mundo irradia felicidad. Entre los que se ven menos contentos están los miembros del gobierno municipal y sus sostenedores. Y eso que ser concejal del equipo de gobierno, o de la agrupación de electores gracias a la cual ocupan ese puesto, tiene su parte positiva: El salario es razonable. El puesto de trabajo, cómodo. Tienen popularidad, poder, y, lo más importante de todo: ¡Pueden acceder al centro en coche! ¡E incluso aparcarlo gratis! Pero aún así, se les ve tristes estos días. Sin duda debe ser porque les duele en el alma faltar a uno de sus más importantes compromisos. ¿Luchar contra el paro en la ciudad? ¿Conseguir su desarrollo económico? ¿Potenciar la industria? ¿El turismo? ¿Abrir el Alcázar y los museos municipales? ¿La limpieza de las calles? ¿Combatir la verdadera privatización de lo público, es decir, la zona azul?

Frío, benévolo lector. Frío. Nos referimos al número cuarenta de sus compromisos de gobierno: La reclamación de la titularidad pública de la Mezquita-Catedral. Ante eso no parecen importar otras circunstancias, como el hecho de que la Mezquita-Catedral esté siendo gestionada de forma óptima, mientras que los bienes públicos, y en especial los municipales, ofrezcan unos pésimos resultados. No parece importar la contundencia del dictamen de la asesoría jurídica municipal. Tampoco la docta y argumentada opinión de reputados juristas que coinciden con lo anterior: Registradores de la propiedad, como Juan José Jurado. Notarios como Rafael Diaz-Vieito. Profesores de Derecho como Juan Luis Sevilla, o el catedrático Ignacio Gallego, O los juristas del propio ministerio de Hacienda, o el Juzgado de Instrucción número 6 de Córdoba. Nada de eso importa. Porque, en realidad, no interesa la justicia y la verdad, sino continuar con la farsa de la reivindicación, para acallar al sector más extremista de los votantes.

Sólo así se justifica que el primer teniente de alcalde, Pedro García, ningunee el informe municipal, indicando que « es sólo una opinión más» y « No cejaremos en nuestro empeño para que sea declarado un bien público». El impagable García quiere ahora crear una comisión  científica, conformada por profesionales que él considere cualificados, lo que se parece notablemente a la petición formulada por la plataforma laicista, y viene a querer decir: “Seguiremos tirando estos dos dados hasta que salga el trece”.

El concejal Aumente, flamante responsable de presidencia y de las relaciones con las cofradías, en un alarde de malabarismo dialéctico, manifestó la voluntad del equipo de gobierno de  “asumir plenamente el informe”, ya que “todo el asunto de la titularidad es bastante dudoso”. Y sin embargo, seguirán reclamando la titularidad. -¿Y eso por qué?- Preguntaría cualquier ciudadano. – Porque tuvimos que firmarlo para que la marca blanca de podemos nos dejara gobernar, no siendo los más votados- iba a responder seguramente el concejal, en un rapto de sinceridad causado por la candidez de la pregunta.

Pero no lo hizo. Quizás recibió un discreto puntapié de la alcaldesa, mucho más correcta políticamente,-y por tanto, también mucho más sosa para un articulista-, que sin embargo, esta vez se animó a participar en esta antología del disparate. En mayo había dicho: La postura del consistorio vendrá marcada por lo que determine la Asesoría Jurídica del propio Ayuntamiento, para así actuar con contundencia y desde las garantías jurídicas”. Sin embargo ahora anuncia que refrendará la formación de esa “Comisión científica” propuesta por Izquierda Unida y Ganemos.

-Al menos nos entretiene,-pensaría Ambrosio.-Así queda poco tiempo para hablar de los problemas reales-. Y sin embargo, García, Aumente, Ambrosio, e incluso los que le sostienen, estaban tristes. Alguna, quizás, profundamente aliviada en el fondo. Pero triste. Y es que, por mucho que uno quiera disfrazar la realidad con su capacidad sofista, en lo más profundo de su ser no podían sino admitir el tremendo varapalo que el informe había proporcionado a sus pretensiones.