San Rafael, Felipe II y los santos mártires de Córdoba


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Felipe II entró en Córdoba el 22 de febrero de 1570 y permaneció en la ciudad hasta finales del mes de abril de ese año. La Pragmática Sanción publicada unos años antes había provocado la rebelión de los moriscos en las Alpujarras. Ante este problema el monarca decidió trasladar las Cortes de Castilla a Córdoba a fin estar más cerca de la guerra granadina.

Pocos años más tarde, en 1575, aparecieron en la iglesia de San Pedro unos restos óseos enterrados. Lo que sucedió a continuación es conocido. El 7 de mayo de 1578 San Rafael se apareció al padre Roelas y le juró, como custodio de nuestra ciudad, que esos restos encontrados eran los de los santos mártires de Córdoba.

¿Existe alguna relación entre ambos acontecimientos? ¿Supo Felipe II de estas revelaciones del arcángel celestial? ¿Qué interés tenía el poder real en hechos como el de Córdoba? Hoy, 7 de mayo, aniversario del Juramento de San Rafael, acudo nuevamente a recordar una parte de esta historia de nuestra ciudad.

Poco se conoce de lo que hizo Felipe II durante su estancia en Córdoba. Sobrevive la Puerta del Puente, construida por Hernán Ruiz III para conmemorar la celebración de las Cortes castellanas en nuestra ciudad. Rafael Ramírez de Arellano , en su libro sobre Juan Rufo, aporta datos detallados sobre la forma en que Córdoba recibió al monarca imperial desde la Puerta Nueva de la muralla (hoy desaparecida), donde Felipe II usó la fórmula tradicional para jurar “guardar y mantener los privilegios, buenos usos y costumbres y ordenanzas de la ciudad”. Fuera de eso, conocemos que rey español pasó la Semana Santa en el monasterio jerónimo de Valparaíso, acudiendo a los santos oficios a la catedral. El libro Casos notables de la ciudad de Córdoba refiere las visitas del rey prudente a unos batanes propiedad de patrimonio real y al santuario de la Virgen de la Fuensanta.

Junto a lo anterior, y enlazando con el objeto de este artículo, cuenta el libro Córdoba en Tiempos de Felipe II, (publicado en 1999 tras unas jornadas sobre este tema desarrolladas por la Real Academia de Córdoba), que el rey de las Españas visitó el monasterio de los Santos Mártires, situado junto al molino de Martos y del que solo queda el recuerdo de la ermita que hay junto a la ribera del río. Se indica en el citado libro que en prueba de su devoción Felipe II entró de rodillas desde la entrada del templo hasta donde se encontraban las reliquias de los mártires cordobeses.

Este gesto tiene, entre otras, dos significaciones. Una primera en clave universal: nuestro rey quiso construir la identidad española sobre su memoria cristiana, defendiendo su tradición visigoda y católica, enfrentándola al pasado morisco y al problema protestante. Todo ello adquiría un significado tangible en las reliquias del monasterio visitado, en esas reliquias cordobesas de los martirios visigodos (encabezados por Acisclo y Victoria), y en las de los mártires mozárabes muertos a manos del califato cordobés del siglo IX.

La segunda significación tiene una clave local. Si en el monasterio de los Santos Mártires se encontraban las reliquias de los mártires de Córdoba, ¿a quiénes pertenecían los restos que unos años después se encontraron en San Pedro? A buen seguro que este problema traería una tensión religiosa. Pensemos que en ese momento el monasterio de los Santos Mártires estaba servicio por monjes dominicos, al igual que el de S. Pablo y el de Scala Coeli, con mucha fuerza en la ciudad. El propio texto de las apariciones de San Rafael pone en boca del arcángel divino esta preocupación humana. A la vez que afirmó que los restos de S. Pedro eran los de los mártires cordobeses, expuso: “Y dile que no tengan en poco el lugar donde está edificado aquel monasterio: porque siendo campo allí recibió martirio Acisclo , y allí voló su ánima al cielo, y allí fueron puestos en el fuego Fausto , Lanuario , y Marcial, y allí murió Pelagio, y otros muchos mártires fueron sepultados…”

Cuenta Enrique Redel en su biografía sobre Ambrosio de Morales que el descubrimiento en San Pedro de estas reliquias llegó a oídos de Felipe II y que el monarca comisionó a Ambrosio de Morales para que diese su autorizada opinión. Para entender esta decisión hay que detenerse en este personaje.

Ambrosio de Morales, cordobés, catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares, sacerdote de la Orden de S. Jerónimo, cronista de Castilla y persona de confianza de Felipe II. En 1572, unos años antes de la aparición de los restos en la iglesia de San Pedro, el monarca ya había enviado al religioso cordobés a recorrer el norte de España para reconocer reliquias, libros y manuscritos de santos, reuniéndose muchos de esos hallazgos en la colección real del Monasterio del Escorial. El interés por la historia sagrada de España retomaba un nuevo rumbo en el proyecto real y en tal fin de Morales adquirió un claro protagonismo. Ambrosio de Morales fue un historiador de su época, que utilizó la arqueología como herramienta para estudiar el pasado. La influencia de su tío, el humanista y también cordobés Fernán Pérez de la Oliva, fue clara. Enrique Redel, en la ya referida biografía de Ambrosio de Morales, indica que la casa cordobesa de su hermano Agustín de la Oliva, donde de Morales probablemente se hospedó en 1575, “estaba convertida por el doctor en rico museo de antigüedades. Merced al gran número de piedras históricas que en sus patios y habitaciones consiguió reunir la constancia y afición arqueológica…”. Lo clásico, el humanismo renacentista, como esencia de esa nueva espiritualidad tridentina.

Es este Ambrosio de Morales el que, tras la encomienda real, llegó a su Córdoba natal y tras las diligencias que consideró necesarias, mediante auto firmado el 13 de Septiembre del siguiente año de 1576, certificó que eran reliquias de santos mártires cordobeses las que se hallaron en el sepulcro de la iglesia de San Pedro. Años más tarde, en 22 de enero de 1583, tal hecho fue aprobado en el Concilio de Toledo.

En este momento hay que destacar que las aparición de las reliquias de los santos mártires en San Pedro y las revelaciones (o Juramento de San Rafael), son dos acontecimientos que pese a coincidir en el tiempo y con claras conexiones, se desarrollaron en muchos aspectos de manera paralela. Frente a lo relatado en relación a las reliquias de los santos mártires de Córdoba, las revelaciones al padre Roelas de 1578 permanecieron ocultas para la ortodoxia cristiana durante veinticinco años. Fue en 1602, como consecuencia de la repentina sanidad de la peste tras sacar en procesión estas reliquias, cuando el sacerdote, amigo del padre Roelas y amanuense (copista) de sus revelaciones, Juan del Pino, así las manifestó públicamente. Este hecho dio lugar al inicio de un proceso por el licenciado D. Fernando Mohedano de Saavedra, canónico de Córdoba y provisor en sede vacante, quien tras tomar declaración a nueve testigos, “confirmó la verdad del prodigio” por Auto de seis de agosto de 1603.

Ambrosio Morales volvió a Córdoba alrededor 1583 para no abandonar más su ciudad, donde falleció en 1591, siendo enterrado en el monasterio de los Santos Mártires. Esta última morada constituye otro ejemplo de la devoción de Ambrosio de Morales a los mártires cordobeses. En ese último período y en la capilla del sagrario de la catedral, César Arbasi pintaba a los mártires de Córdoba. De Morales escribió junto al racionero de la catedral Pablo Céspedes el Cuaderno para el rezo de los santos mártires de Córdoba. Ese mismo año de 1583 Morales acudió junto al referido Juan del Pino a buscar la fuente donde recogían agua los mártires hispanorromanos Acisclo y su hermana Victoria.

Este hecho junto al presbítero Juan del Pino nos permite retomar nuestro relato. La relación/contacto/conocimiento entre Ambrosio de Morales y Andrés de las Roelas (fallecido en 1587) es probable en aquella Córdoba de unas 50.000 almas, aunque no está constatada históricamente. El contacto con su círculo más cercano sí queda acreditado a través de Juan del Pino, tal como ya he indicado. Y sin embargo, Ambrosio de Morales, cronista de Castilla, que tanto se ocupó por la recuperación de la memoria religiosa de España, que certificó como pertenecientes a los santos mártires de Córdoba las reliquias encontradas en S. Pedro, no se hizo eco en su vida de San Rafael y su desvelada condición de custodio de Córdoba.

Varias posibilidades se abren en este punto: que el Juramento de San Rafael al padre Roelas no fuera conocido en vida de Ambrosio de Morales y verdaderamente el padre del Pino guardara su secreto hasta 1602. Otra posibilidad es la que sostuvo en en su obra de 1650 Pedro Díaz de Ribas, afirmando que el silencio posterior a 1578 vino determinado por que del Concilio Lateranense surgía el mandato de no publicar ni predicar las revelaciones e inspiraciones hasta que no fueran aprobadas por el ordinario de la ciudad. La tercera posibilidad es sostenida por la profesora de Historia del Arte por la Universidad de Castilla La Mancha, María José Cuesta Leornardo, en su estudio sobre El monumento del trofeo a los mártires, en Córdoba, 1588, elaborado por Ambrosio de Morales, concluyendo que las revelaciones del padre Roelas eran de público conocimiento en 1591, cuando falleció de Morales, y que éste no se hizo eco de las mismas por al incredulidad que le provocaban, lo que no le restaba su fe a la veracidad de las reliquias.

Si Ambrosio de Morales era la conexión entre esta Córdoba y el rey Felipe II, la posibilidad de que de Morales no conociera/revelara/creyera el Juramento de San Rafael, ¿excluyó a su rey del conocimiento de este suceso? Puede ser, pero también cabe la posibilidad contraria, puesto que el rey prudente no solo tuvo la posibilidad de conocer por terceros todo lo contado, sino que también pudo tener contacto directo con los protagonistas del Juramento. Toca cerrar el círculo virtuoso entre las reliquias de los santos mártires de Córdoba, Felipe II y San Rafael.

Ya hablamos de la estancia de Felipe II en Córdoba en el año 1570. En el convento de San Calixto de Hornachuelos existe una lápida cuya inscripción recuerda el paso del rey por esta localidad, refiriendo que con ocasión de su estancia en Córdoba, el monarca intentó ponerse en camino para visitar el Tardón (origen del posterior San Calixto), “estorbándoselo no tanto la aspereza del recorrido cuanto la humildad de Fray Mateo de la Fuente, temeroso del posible envanecimiento de sus frailes, al ver que el monarca más poderoso del mundo, en cuyos dominios no se ponía el sol, acudía a visitarlos…”. Este paso por Hornachuelos resulta verídico atendiendo a Ramírez de Arellano, que en la biografía ya referida de Juan Rufo, relata como Su Majestad llegó a Córdoba pasando antes por Alanís, Constantina, Las Posadas, Almodóvar y San Jerónimo de Valparaíso, por lo que el paso por Hornachuelos resultaba obligado. Y el consiguiente contacto con fray Mateo de la Fuente de nuevo nos relaciona nuestra historia, puesto que en ese año de 1570 el fraile discípulo del maestro de Ávila, junto al resto de ermitaños del Tardón, acogieron la regla de S. Basilio, la misma regla que seguía el monasterio cercano de Nuestra Sra. de Gracia, sito de Posadas, fundado gracias a la generosidad de Jerónimo de las Roelas, y donde moró muchos años su hijo Andrés de las Roelas. Existe pues un primer vínculo, indirecto, a través de Mateo de la Fuente y la Orden de San Basilio, entre Andrés de las Roelas y Felipe II. ¿Pasó también por este incipiente monasterio de Posadas el rey español en su viaje a Córdoba? ¿Fue allí donde el monarca conoció a Andrés de las Roelas?

No se puede afirmar tal cosa, máxime si tenemos en cuenta la dificultad que tuvo este monasterio de Posadas para consolidarse, pero sí parece que ambos se conocieron o, al menos, tuvieron relación constatada tras 1578 y el Juramento del que fue testigo el presbítero Roelas. Como ya referí en un artículo anterior sobre Andrés de las Roelas, y tal como aparece en el segundo testamento de este sacerdote, otorgado en 1586 y trascrito por Enrique Redel en su libro sobre San Rafael, Felipe II, por una cédula de diciembre de 1583, otorgó a Andrés de las Roelas la merced “de dar un uno por ciento de cierto aviso que yo le di”.

¿De qué aviso/negocio se trata? No conozco el motivo que dio lugar a esta relación. No se sabe si tuvo que ver con las apariciones de San Rafael al presbítero cordobés y el interés de Felipe II por asentar su imperio en la Hispania cristiana, o todo fue mucho más mundano. En cualquier caso y sin encajar la corte de los Austrias con la vida conocida del padre Roelas anterior a 1578 (fecha del Juramento), lo cierto es que la estancia del presbítero cordobés en la villa y corte madrileña tan solo se constata después del año del Juramento de San Rafael.

Sea como fuere, una última reflexión me permito hacer más allá de los datos históricos. El descubrimiento de las reliquias de los santos mártires de Córdoba sí coincidía plenamente con el proyecto patrio impulsado por el monarca imperial. No ocurre lo mismo con las revelaciones del padre Roelas: creídas o no, el compromiso de San Rafael lo fue con la protección de Córdoba, enmarcando tal acto de fe en clave más local. Esta idea puede ayudar a interpretar los hechos conocidos.

Toca seguir leyendo y estudiando a fin de comprender mejor todo lo ocurrido. En este afán: ¡Bajo la sombra de tus alas protégenos!

 

Antonio Rodríguez