Partido Cordobés Contra el Caracol Blanco


Es hora de sublevarse frente a esta traición. Perdemos identidad, perdemos sabores, perdemos dinero; nos están vendiendo a precio de pata negra la pata blanca

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La pandemia que nos acosa mundialmente está acelerando los cambios programados en la Agenda 2030. Ello está provocando auténticas revoluciones sociales, impuestas desde los grandes grupos de poder y que darán lugar a sociedades, mejores o peores, pero distintas.

Córdoba no podía estar ajeno a nada de lo anterior. El lobby de los empresarios de los puestos de caracoles está traicionando a lo más identitario del ser cordobés. Están imponiendo de manera injustificada el caracol blanco, sin carne ni sabor, todo cáscara, frente al carnoso y autóctono caracol rayado que está presente en la memoria colectiva de los nacidos en la tierra de san Rafael.

Es hora de sublevarse frente a esta traición. Perdemos identidad, perdemos sabores, perdemos dinero; nos están vendiendo a precio de pata negra la pata blanca. Nos están engañando. ¡Al campo de batalla mi Córdoba! Ahí conoceremos donde está la verdad.

Hay que organizarse en tal magna empresa. Es hora de crear un partido político que encauce el malestar social refrendado en las asambleas ciudadanas que día a día se celebran en todas las plazas de nuestra ciudad en las que hay un puesto de caracoles. El partido podría tener las siglas del PCCCB: Partido Cordobés Contra el Caracol Blanco.

Sería un partido ideológicamente transversal. Los de izquierdas podrían gritar: ¡No queremos a los blancos! Los de derechas podrían  decir: ¡No queremos a los importados! No me pregunten si el caracol blanco viene de Marruecos o no, en la época del posmodernismo, la verdad es lo de menos, lo importante es que se lo crea la gente.

Sería un partido sin contradicciones de género. Hasta ahora, y sin importar lo que digan las comisiones de expertos (inventadas o no), solos nos comemos a los caracoles (machos), aquí no hay caracoles y caracolas. Discriminación positiva.

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Tenemos un nicho social perdido en el animalismo. Pero todo tiene solución. Seguro que puestos en contacto con los partidos políticos tradicionales en funciones de gobierno, encontramos la disponibilidad de cuantiosas subvenciones que permitan a los afectados iniciar investigaciones sesudas que descubran nuevos sistemas de cocción que eviten el sufrimiento animal. A los de derechas les diremos que es por perpetuar las tradiciones cordobesas, a los de izquierdas les venderemos la necesidad del bienestar animal. Eso como paso previo al caracol ético.

Tenemos que trabajar bien nuestros pactos con estos partidos. Hay que tener en cuenta que con temas como estos, siempre controvertidos, los partidos políticos asentados en las ruedas de poder siempre se pondrán de perfil por el riesgo de perder votos, sus complejos y sus contradicciones. Siempre mejor una buena encuesta que un buen acto.

No nos podemos olvidar que será un partido impregnado del nacionalismo decimonónico. El gran error de la Andalucía de final siglo XIX y principios del XX fue convertir su nacionalismo en una corriente cultural, integradora y vertebradora de lo que fue España. No podemos volver a equivocarnos. Hay que volver al nacionalismo político y regionalista, Si León puede ser Comunidad Autónoma, Córdoba puede volver a ser el reino que fue, extendiéndose por toda la provincia y anulando el municipalismo subversivo (entiendan que soy de Santaella).

Tengo hasta el logo de este nuevo partido político. No podía ser otro que el de un caracol rayado (o rallado, no solo es un problema de ortografía). La multiculturalidad de sus franjas son bandera que todos acogerán y ello llevará a la defensa de nuestro estilo de vida más singular. Defendernos el slow life, la vida lenta, frente a la auténtica fatiga pandémica que es vivir en un permanente estrés.

No encuentro a ningún juez ni a ningún fiscal capaz de realizar en juicio un interrogatorio medio decente frente a este proyecto, sabiendo lo que después se puede liar en los programas televisivos y en las redes sociales.

¿Subversivo, eh? No lo duden. La libertad de expresarse sin importar el miedo a las piedras de los que no piensan como tú es lo más subversivo que hay. Pero es tan “derecho a la libertad”, que estoy dispuesto a romper mi juramento de no quitarme jamás mi peluca de magistrado. Me sacrifico por liderar este proyecto en el que espero alcanzar un sueldo vitalicio con la que poder retirarme a los 50 años. Siento si ello va contra todo aquello a lo que me comprometí. ¡Los caracoles rayados y Córdoba me necesitan!

 

Antonio Jesús Rodríguez Castilla