Córdoba siempre a tu lado, Madre


virgen dolores
La Virgen de los Dolores. /Foto: JDG
La foto de la Virgen de los Dolores ha estado junto a San Rafael en la Catedral. / Foto: LVC

<<…Los seres humanos tendemos a transfundirlo todo, a verter en cálices el acíbar de los sufrimientos, a compensar con revivido sueño el doloroso escorzo de la muerte.  Así somos capaces de tolerar el amargo trance de los días, de vencer la frustración de nuestra impotencia, de acallar la locura de nuestro infértil orgullo. Y obtenemos esa fortaleza con el auxilio de María que nunca nos abandona si nos acercamos a Ella con humildad de corazón. Generaciones tras generaciones han trasmudado los ritos ancestrales para adaptarlos a los nuevos tiempos. Es una ley de vida que, frente a la inanidad de las fuerzas, los habitantes de este abstruso mundo hemos venido adaptando para creernos, seguro ingenuamente, dueños de nuestro destino. Y seguimos equivocándonos. Nada podemos solos. Nos necesitamos como necesitamos la intercesión gloriosa de María para superar nuestros dolores: la desesperanza, la violencia, la ignorancia, la amargura, el sacrificio, la muerte, la más triste soledad. Y para sanar estas dagas mortales que se nos clavan a diario en nuestro débil corazón no hay más camino que el de la fe, el amor y la paz, dones que, como hijos y hermanos, seguimos pregonando y pidiendo; y solo a tu lado, Madre, y por tu amoroso empeño, podremos obtener.

 Rosa de soledad en la mirada,

llaga de desamor, tu pecho niela.

Nada con la palabra te consuela.

Nada tras el silencio, nada, nada.

Nieve de cera blanca nacarada,

pátina de palor, tu rostro hiela

y, como un surco mudo, grave riela

una lágrima gris incontrolada.

Mas míranos, Señora, aquí, a tu lado,

transidos por amargos sinsabores,

y alumbra nuestro rumbo negreado,

porque siendo tan necios pecadores

no contemplar tu rostro desolado

es el mayor de los dolores>>.

 

Extracto de la exaltación a la Santísima Virgen de los Dolores, pronunciada ante la “Señora de Córdoba” el 23-III-2012 por Manuel Gahete Jurado, Académico numerario de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba

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