Nazareno de Nissan


Cuando se acerca una nueva luna de Nissán, y la ciudad entera se prepara para rendir pleitesía a la Señora de Córdoba, las calles se llenan de Vía Crucis y el olor a incienso y azahar se empiezan a mezclar, ya es Semana Santa.
En este año tan especial de nuestra Semana Mayor, me gustaría hacer una valoración de lo que para muchos viene a significar el llevar la procesión por dentro como se suele decir y entender el significado de revestirse de nazareno.
Ha sido una cuestión casi común el que en todas las hermandades y en especial la mía, la del Perdón, primera vez hayan tenido que colgar el cartel de “no hay más túnicas”, eso es buena señal de que algo se está haciendo bien y empieza a cobrar sentido.
Por eso mi reflexión va en torno, ¿qué significa para un cofrade vestirse de nazareno?
El hábito nazareno, es una de las cosas que mejor define a nuestras Cofradías cargadas de simbolismo. La túnica de que se reviste el penitente para acompañar al Señor y a Santísima Virgen en su estación de penitencia a la Santa Iglesia Catedral, como símbolo de Comunión con el Pastor de la Diócesis, y en memoria de las primeras comunidades cristianas que se dirigen de un lugar sagrado en procesión para finalizar en el primer Templo celebrando la gran fiesta del cristiano, la Eucaristía.

Aunque ésta no goce más que de un verdadero ornamento litúrgico, sin embargo para el cofrade no dejará de ser la verdadera vinculación cargada de especial significado religioso y espiritualidad, al borde mismo de lo sagrado.

Es una de las mayores ilusiones que venimos a tener desde niños y otros desde no tan niños, pues a éstas alturas las túnicas ya prenden desde largas perchas en los diferentes hogares, perfectamente limpias y planchadas para que todo esté perfecto cuando llegue el día.
Ese día tan esperado en el que daremos testimonio de Fe pública en la calle y que por tan sólo unas horas, nos ayudará a sentirnos individuos anónimos en comunión directa con Dios, llenando amplios cortejos y portando un cirio en la mano, una insignia o una vara.
El mundo del nazareno que tan poco cuidado ha estado siempre por parte de las hermandades, hay que empezar a mimarlo, porque nunca se nos puede olvidar que una hermandad saldrá sin música, sin flores o sin costaleros, pero jamás tendría sentido una cofradía en la calle, sin nazarenos.
Como he dicho antes, el día de nuestra salida penitencial, viene a ser el momento más íntimo que tenemos con nosotros mismos, de encuentro con nuestra Fe, pasamos a ser personas anónimas, calladas, discretas, ajenas al mundanal ruido, son horas en las que no tenemos tiempo de pensar en un whatsapp, en hablar con el compañero, o incluso deleitarnos con un rico helado o una refrescante cerveza. Es un momento que lo tenemos dedicado sólo y exclusivamente a nosotros, a reflexionar sobre todo lo que ha podido acontecer en un año, valorar lo positivo o negativo de las relaciones con los demás, de rezar, de pedir, de cumplir una promesa, y como no, también habrá quien diga, Madre mía, dame fuerzas para poder estar el año que viene.
Momento único e irrepetible para el que sólo hay una estación de penitencia en el año, al igual que sólo hay una primavera para disfrutar de todas esas cosas que no volverán a suceder jamás.
Saquémosle todo el máximo partido posible, disfrutemos de cada segundo, sintamos el hábito que llevamos y demos testimonio de cristianos de forma única y verdadera, porque la estación de penitencia de este año, no volverá a repetirse jamás.
Y cuando tengamos la suerte de cruzar el Patio de los Naranjos, y dirigirnos hacia el arco de esa famosa puerta que tanto ha dado que hablar, iremos a encontrarnos con Nuestro Dios, el Dios al que le venimos rindiendo culto durante un año entero en el templo, en la hermandad, cuando montamos un efímero altar de flores, cuando le dedicamos un cartel, una eucaristía, preparamos un ensayo, cuando montamos la festiva cruz de mayo, siempre nos estamos encontrando y comunicando con nuestro Dios.
Por eso, hoy quiero desde aquí llevar a la reflexión a la vez que dar la enhorabuena a todas esas personas que por primera vez van a ponerse una túnica de nazareno como a los que ya se la han puesto en años anteriores, para que todos se dediquen y se regalen el tiempo, su tiempo personal, para dialogar con sus Sagrados Titulares y consigo mismos.
Feliz Semana Santa, y feliz Estación de Penitencia

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