Ave María Purísima


Continúa el entrañable saludo, como antaño, vibrando a diario en el penitencial espacio de los confesionarios, brotando con ternura inefable del interior de las clausuras monásticas a través de los tornos. Como continúa motivando la respuesta que todos conocemos: “Sin pecado concebida”. En manos de los nuestros sigue enarbolada la bandera celeste de la Limpia Concepción de Nuestra Señora.
El 8 de diciembre es, por antonomasia, el día de la Virgen. Hace años, erraban nuestros gobernantes al pactar el traslado de la fiesta al domingo inmediato. Entonces fue descolocado, por idénticos planteamientos socio-económicos, el, también por antonomasia, día del Señor, que dejó de ser el jueves reluciente que siempre fue en el calendario de cada año. No sucedió así con la solemnidad de la Inmaculada, sin duda gracias a la fe y al tesón de instituciones seglares como la cordobesa hermandad del Santo Sepulcro, que aquel Viernes Santo de 1988 suspendía su pública estación penitencial en desacuerdo con el proyecto de cambio felizmente frustrado.
Respondían aquellos cofrades a la preciada herencia devocional de los escribanos que a finales del siglo XIV fundaban en la parroquia de Santo Domingo de Silos la primera hermandad cordobesa bajo la advocación del misterio concepcionista. Poco antes se erigía la primera de las tres capillas dedicadas en la Catedral a la Purísima, en continuada manifestación devocional que tuvo momento álgido de luces y de sombras en la agria polémica inmaculista de 1614, el pueblo alineado con los dos cabildos, con los franciscanos de San Pedro el Real, frente a la desconsiderada defensa pública de las tesis maculistas por el confesor del obispo Mardones .
Inmaculismo vivo en nuestros días, revalidado por la ciudad en las fiestas anuales a la que es titular de su parroquia de Ciudad Jardín, de su monasterio del Císter, del desaparecido que evoca la calle Concepción. Inmaculismo vivo en las naves catedralicias, escenario de la vigilia juvenil, del pontifical precedido por la tradicional procesión con la romana Inmaculada de plata bajo el templete de Villaviciosa. Vivo en los cultos solemnes de tantas cofradías, como el celebrado a las plantas de la Purísima Concepción de Linares, mientras espontánea rescata la memoria las estrofas de aquel canto de nuestra infancia:
“Es más pura que el sol,            más hermosa que las perlas      que ocultan los mares.

Ella sola entre tantos mortales del pecado de Adán se libró”.

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