El panorama religioso


Vivimos un cambio de época y el inicio de una nueva fase de la historia de la humanidad. A los aspectos positivos que se han ido logrando se contraponen aspectos negativos y preocupantes: nuevas formas de discriminación y marginación social, relativismo absoluto, una herida en el corazón del hombre que no se sabe bien cómo curar y que no tiene parangón con los siglos anteriores, indiferencia religiosa, etc. A lo largo de su rica historia, el cristianismo se ha caracterizado por conocer el tiempo y la cultura en la que estaba inserto. Los Padres de la Iglesia prestaron mucha atención al mundo que les tocó vivir con el deseo de insertarse en él y orientarlo hacia la verdad del Evangelio.
La patología que sufre el mundo de hoy es de carácter principalmente cultural; resulta fundamental conocerla a fondo para encontrar el remedio para vencerla. Si no fuese así, se multiplicarían acciones pastorales que resultarían ineficaces porque no llegarían al objetivo central. Trazar el espacio cultural exacto en el que se debe insertar el anuncio de Jesucristo no es un tema secundario. Cuando se vive dentro de la atmósfera cultural como hijos de este tiempo, a menudo es más difícil distanciarse de ella para entender los fenómenos que están en la base de su modo de pensar y actuar. No podemos vivir con la ilusión de que nuestro lenguaje de fe es comprendido y acogido con la disposición de los años pasados. Ya no es así en absoluto. Nos encontramos ya ante un mundo prácticamente pagano que rechaza en bloque la propuesta cristiana y que presenta como un progreso y una liberación el rechazo de esta tradición cristiana.
En el panorama actual la Iglesia tiene mucho que ofrecer al hombre de hoy. Pero no es este desafío de la secularización lo que le lleva a una nueva evangelización, sino porque debe cumplir el mandato de Jesús de anunciar el Evangelio a toda criatura. Ponerse al servicio del hombre para comprender la inquietud que mueve su vida y proponer una salida cierta que le de alegría y sentido es lo que se recoge en la buena noticia que ofrece la Iglesia.
Pero en el anuncio cristiano, no es cuestión de estrategias de empresa sino de la acción de Dios en la vida de las personas. Ninguna iniciativa pastoral sería eficaz si la Palabra de Dios no penetra en la vida de las personas, en su manera de pensar y obrar. El tiempo de Cuaresma que ahora iniciamos es como un nuevo inicio. En este camino resulta fundamental proponer el trato con la Palabra de Dios, acoger al otro como un don digno de amor y respeto.

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