Los nuevos especialistas de la cultura


En el panorama de nuestra cultura están presentes dos tipos de especialistas contrapuestos que desdibujan la realidad y crean opinión. Por una parte, están los graduados en “el zapping”: saben casi nada de casi todo. Por otra, están los graduados “en algo”: saben casi todo de casi nada.
Los primeros son, en buena medida, el fruto de una educación que ha ido convirtiendo el contenido de las asignaturas o materias en “flash” o “spot”. Los clásicos, la filosofía, la aportación de la historia, etc, se han arrumbado al cuarto de los trastes viejos porque ya son inservibles. Cualquier ocurrencia del alumno se aplaude como acto de creatividad y antes de que el maestro empiece a hablar, habrá algún alumno que le interrumpa para que aplaudan su espíritu crítico, verdadero baluarte de la educación. Esta cultura del “microondas”, como alguien la ha definido, practicada en las aulas, difundida en los medios de comunicación que la escuela imita, va configurando un sujeto fanfarrón, osado y atrevido en sus juicios. Esta arrogancia del pretendido saber les hace elevar la voz para sentar cátedra en sus afirmaciones. Su fuente de información irrefutable: la wikipedia, entre otras obras y enciclopedias.
Un razonamiento sólido y de cierta profundidad les resulta como un “chino” en los zapatos. Al final se termina confundiendo la verdad y la opinión, el pensamiento por el “sensamiento”.
En otro extremo, nos encontramos con el graduado “en algo”. Loable sin duda, pero su parcela de saber suele ser bastante reducida, el precio de la especialización. Conviene tener a raya estos admirables especialistas “en un poco” porque suelen ser propensos a pontificar de todo. Cuando sus juicios exceden el ámbito de su especialización, sus proposiciones suelen ser tan insustanciales como las que haría la tía pascualina. El premio Nobel de Literatura no da autoridad para hablar de cuestiones de ética. Y como este ejemplo podríamos poner muchos.
De necedad se podría calificar el atrevimiento de quien hinchado por sus conocimientos en algo (científicos, jurídicos, tecnológicos o artísticos) se permiten hurgar en todos los rincones de la vida social, política o religiosa.
Lo triste es que los nuevos especialistas abundan y tienen bastante repercusión.

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