El “cacao” del pluralismo


¡Atención a las palabras y lo que ellas esconden! Puedo creer en la necesidad del capital en la vida económica sin que profese el capitalismo. Es innegable la dimensión social del hombre sin que deba preconizar el socialismo. Me admira la tecnología sin que defienda el tecnologismo. Incluso valoro la comunidad sin ser comunista. ¿Por qué convertir entonces la pluralidad en pluralismo?
La pluralidad, que es una realidad social dada, una ocasión para enriquecer experiencias y manifestar libertades personales, cuando se absolutiza a sí misma se convierte en pluralismo, ideología. Hoy se exalta la incapacidad del hombre para declarar la verdad desde un punto de vista objetivo. Cualquier pretensión de defensa de una opción, ¡salvo el relativismo claro!, será considerada como muestra de intolerancia. El relativismo transforma la pluralidad en pluralismo. Es el “qué más da, mientras no moleste”. Es como un sincretismo exacerbado propio de los momentos de transición y cambios de época. Para entendernos, ¡Un cacao! Un colosal atasco donde los vehículos no saben a dónde ir porque no cabe ir a ninguna parte o porque da lo mismo ir a cualquier parte.
El pluralismo dice al individuo cómo relacionarse con otras personas y grupos que tienen otras visiones de la vida, pero no dice cómo conducir nuestra vida. Berger y Luckmann emplean una metáfora llamativa: “Podemos considerar la conciencia del hombre actual como una enorme cafetera: los contenidos de conciencia de todos los tipos se van evaporando hacia arriba, el sedimento residual se ha contraído notoriamente y el café se ha vuelto bastante aguado”.
Se urge a los educadores a enseñar a vivir con los demás, diversos y cambiantes. El problema no es la capacidad de convivir sino la ausencia de certezas. Lo preocupante no es que otro tenga otra concepción de la vida, de la sociedad o de Dios, sino que yo no tenga ninguna. Además, la absoluta debilidad de valores frente al otro hacen que las reacciones sean imprevisibles: fanatismo, evasión, etc.
Lo realmente importante no es con qué otras ofertas de sentido o sinsentido se han de enfrentar los niños o jóvenes de hoy, sino desde qué seguridades lo lacen. Su fortaleza procede de mi debilidad.

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