Felicidad, todo a un euro


El 28 de enero se ha celebrado una jornada de la familia, organizada por la Diócesis de Córdoba con nuestro Obispo a la cabeza. A propósito de este encuentro, de la belleza de la propuesta cristiana sobre el amor, la familia y el matrimonio en el fondo muy desconocida, se me ocurría compartir algunas reflexiones.
Hoy día prima una manera de entender la vida que es incapaz en muchos momentos de percibir otros valores más allá de los de la máxima satisfacción inmediata. Nuestra cultura ha ido imponiendo una forma de vivir que sólo ansía disfrutar el presente, hasta el punto de vivir sólo para eso y convertir al hombre en “sujetos deseantes”.
Por encima de todo y a costa de todo, he de satisfacer mis deseos. El modelo posmoderno de felicidad es abandonarse a la sola experiencia del presente a través de la máxima diversión. Es una felicidad de bisutería barata y de “todo a un euro”. El deseo se convierte en el único referente moral, más allá del cual no hay nada más.
Con este presupuesto, el derecho a la felicidad personal prima por encima de todo compromiso o fidelidad. J. A. Marina ha hablado de los “amores mercuriales” que se unen, se separan, se vuelven a unir, se fragmentan, se recomponen y se van haciendo mil configuraciones diferentes. El proyecto común de la pareja no es, por supuesto, construir una vida juntos en el amor, sino que consiste en mantener una relación mientras resulte gratificante, mientras dure el deseo y aguante el atractivo. Un pacto de voluntades meramente privado, ajeno a la realidad profunda de la naturaleza y absolutamente intimista. Los hijos, los bien nacidos, deben ser “hijos deseados”. Sería como decir a los hijos: vales porque me satisfaces. Para esta felicidad posmoderna no cabe la “aceptación”. Cuando se acepta la presencia de un hijo, aunque no se haya deseado en su origen, se le está diciendo: vales porque eres persona, no un simple objeto de mi deseo, sino un sujeto digno de amor. Al final, nos hemos de preguntar: ¿nos estaremos equivocando en el camino de la felicidad?
El ser humano está hecho para la felicidad pero cuando esa felicidad se convierte en la causa intencional primera de todas nuestras acciones, entonces esa intención termina siendo causa de la infelicidad. Si esta felicidad es la mayor aspiración de la naturaleza humana, ¿por qué recorrer caminos complicados para llegar a ella? ¿Por qué no ir directamente al árbol de la felicidad?

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