Educación personalizadora


Hablar de valores en la educación o de la educación en valores se ha convertido en unos términos talismán repetidos, incorporados a todos los discursos. Ahora parecen batirse en retirada todos aquellos que desde la escuela pública enarbolaban la bandera de la “neutralidad axiológica”, frente a los que demandaban una educación anclada en un sentido ético.

Se plantó un “no adoctrinamiento” y se cosecha un vacío axiológico. Se plantó un rechazo a referentes éticos y morales y se cosecha la desmoralización y el relativismo.

Dejar a la escuela que ruede según su inercia supone despojarla de su esencia como agente de progreso y perfección. Cuando el fin primero y principal son los métodos pedagógicos y no la causa final o intencionalidad, la acción educativa se convierte en un proceso espontáneo, cuya única expectativa es a ver qué pasa, a ver qué sale.

En este contexto es importante preguntarnos ¿qué función social tienen hoy los centros educativos? Una educación verdadera no puede cuestionarse sólo el cómo de la acción docente sino el para qué de la misma. El problema de la educación no es cuestión de métodos o medios sino un problema de fines. Toda educación, se quiera o no, implícita o explícitamente, implica un determinado horizonte de valores. Este es el verdadero currículo oculto desde el cual se diseñan las estrategias en la escuela. La cuestión es desentrañar el sistema de valores que está actuando en la educación del sujeto, qué tipo de personalidad y pensamiento configura este sistema en el sujeto concreto.

En este sentido debemos aclarar, frente a falsas euforias y dogmas simplistas, que la escuela no libera automáticamente la mente ni sirve a la causa del progreso así porque así. Más bien, puede servir para la libertad o para la tiranía, hacer sujetos realmente libres o sumisos de pensamiento único, puede servir para la verdad o para la mentira. Por eso mismo, el pacto por la educación se antoja tan difícil de alcanzar, porque todos quieren imponer su sistema que favorezca la promoción de sus ideas. En el curso de la historia de la educación ha servido para todo género de doctrinas ideadas por el hombre.

¿A qué causa ha de servir la educación? Una educación al servicio de la causa del hombre como persona. Como educadores, importa interrogarnos por qué camino se ha llegado a este clima de deterioro ético o derrumbamiento de valores, si queremos actuar en las raíces de la educación para no perdernos en las ramas. La respuesta a mi jucio es clara: por la marginación, pérdida o degradación del sentido personal del hombreY ello, a pesar de la empalagosa retórica que se ha creado en torno a los derechos del hombre.

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