La espantá


Final de la Supercopa de España. La soberbia cita a dos de sus más aventajados hijos, Messi y Cristiano, para que frente a frente pongan en cuestión, un día más, el trono pelotero. En ese preciso instante, quizá molesto por no haber sido convocado al encuentro, Morante de la Puebla reclama su parcela de protagonismo anunciando su retirada del toreo. Retirada momentánea, por entregas, parcial, a boca llena pero con diente apretado. Lástima. Perdemos todos. Se oculta el intérprete más original de la actualidad, bajo cuya mano se nos propone asomarnos al umbral de la belleza fugaz, a descubrir otras sutilezas. El único capaz de hacernos ver que la evidencia estética puede argumentar un pensamiento posterior más complejo. Los Califas vivió, bajo el aroma de su muleta, el último transporte hipnótico hacia otro plano de composición.

Se va. Libre es, faltaría más, de hacer lo que le venga en gana. Sin embargo, los argumentos esgrimidos, como poco, ruborizan la mejilla ajena. Que está harto de la insensibilidad de presidentes y veterinarios se antoja excusa de poco fuste, de capricho de niño consentido que tiene derecho a seguir hasta el infinito imponiendo su santa voluntad. Que los novilleros son los que peor lo pasan porque son los primeros sufrientes del sistema establecido, es una obviedad transversal que tampoco argumenta nada. Pero que los toros son grandes y no favorecen el toreo de arte es la excusa más sonrojante que recuerda el toreo. ¿Se imaginan a Manolete, Joselito, Belmonte, Lagartijo, Guerrita, Machaquito… quejándose tal circunstancia? Derecho tiene de hacer lo que le plazca, pero un tipo que se juega el bigote cada tarde, debe imponerse como hábito de comportamiento, como actitud de vida, el uso de la honestidad consigo mismo y con la profesión a la que le debe todo lo que es. Irse repartiendo estopa al tiempo que elude alegremente la autocrítica no es de recibo. Cuando eligió la profesión sabía perfectamente lo que había, nadie lo engañó, más allá de los pormenores de los contratos y del manoseo del negocio de lo taurino. Hablo en puridad. Todavía estamos esperando una mínima explicación por su actitud en su última comparecencia en Córdoba. Una falta de respeto en toda regla.

Sobraba, sencillamente, con haberse sincerado. Todo el mundo lo habría comprendido. Un simple argumento que girase en torno al cansancio, a la pérdida de ilusión… hubiese sido lo oportuno y lo honrado. La mediocridad de que la culpa la tienen otros es impropia de quien maneja a diario la posibilidad de perder la vida. Y, además, es irresponsable. Irresponsable porque en estos momentos en que la tauromaquia está tan fuertemente atacada, no podemos permitirnos dejar la espada en los blandos eludiendo responsabilidades del mismo modo que lo hacen personajes de otros ámbitos. A los taurinos nos debe importar la forma tanto como el fondo. Mal favor nos haces, amigo Morante, no sólo por irte, sino por la forma de hacerlo.

Sólo faltaba que hubiera dicho que además de ser grandes, los toros, últimamente vienen a las plazas con muchos cuernos.

 

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