Manolete. 100 años vivo


Que la figura de Manuel Rodríguez Sánchez trascendió a su época, que influyó en la sociedad que le tocó vivir y que su personalidad marcó toda la tauromaquia posterior son realidades que vienen repitiéndose casi desde Linares. Pero esa influencia, lejos de concentrarse en su tiempo y en el inmediatamente posterior, llega de forma indeleble hasta nuestros días. Por eso, este “100 años vivo” que celebra el centenario de su nacimiento, revela la certeza de que antes que setenta años muerto, su presencia se percibe aún vigente en nuestra sociedad.

El programa de actividades de este primer centenario persigue, por tanto, conjugar dos aspectos antagónicos que se citan frente a frente con la figura de Manuel Rodríguez como excusa. La tradición y la modernidad. Así, sin velos, simplificando dos sensibilidades que guardan cada una la que, a su parecer, es la esencia de la persona y del mito, y traicionando ambas aquella premisa de Platón que reza que no es en los hombres sino en sus actos donde hay que buscar la verdad. Por ello, el Manolete torero está muy presente, porque tenía que estarlo, porque tenía que seguir nutriendo a una multitud de seguidores que, aún sin haberlo visto torear, hemos sentido el atrayente magnetismo de su hierático natural.

Pero también está presente el Manolete moderno. Y este es el objetivo más ambicioso, la reclamación de Manolete como artista contemporáneo de magnitud mundial. Manolete no escribe, no pinta, no esculpe, no compone. Su arte es otro. La materia de su composición es fugaz y etérea, pero influye en la sociedad lo mismo o más que lo hacen los escritores, pintores, escultores o músicos de su tiempo. Sí, es un artista contemporáneo. Y sí, lo es de talla mundial. Y de Córdoba.

Un programa para dos Manoletes. Un programa para dos sensibilidades que pretenden apropiarse de una verdad infinitamente más hermosa de lo que su perspectiva les sugiere. Estoy seguro que si el bueno de Manuel Rodríguez levantara la cabeza se moriría de risa al ver la ficticia apropiación de su persona, de su obra y de su verdad.

Por eso Córdoba debe aprovechar este año, este programa, para descubrir al otro, para reconocer al que no siente de la misma forma que uno y admirarse de la riqueza y del regalo que nos dejó una de las personalidades más relevantes de la historia de nuestra ciudad.

 

 

 

 

 

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