La Tauromaquia como seña de identidad


Conforme está el patio, que un medio de comunicación apueste, desde el mismo día de su nacimiento, por incorporar la Tauromaquia entre la información que cada día va a ofrecer a sus lectores, es un motivo de satisfacción. Para los taurinos ya es casi un deber moral no ocultar su gusto cultural y el derecho a disfrutarlo.

La Tauromaquia es una de nuestras principales señas identitarias, uno de esos muchos matices, y no el más pequeño, que nos definen como sociedad, como grupo, respecto a otros. Por mucho que algunos lo quieran negar, los juegos con toros fijan exteriormente nuestra personalidad colectiva, nos definen, del mismo modo que lo hace nuestra manera de comportarnos, nuestro tono de voz, nuestro pelo o nuestros ojos. Negar esta realidad supone lo mismo que rechazar nuestra historia como pueblo con todas sus luces y sus sombras. Tenemos los taurinos, además, el derecho de expresar públicamente nuestra afición del mismo modo que el torero está en su derecho de poder desarrollar en libertad su arte.

La Constitución nos ampara. No debemos permitir que nadie nos imponga su interpretación de la cultura como la verdadera o cierta, porque su concepto y definición no contiene interpretaciones interesadas. Cultura es, sencillamente, el conjunto de conocimientos que permiten a una persona desarrollar su juicio crítico. Y para nuestra sociedad, igual que para muchas otras, es imposible elevar un juicio crítico sobre algo sin tener en cuenta todos y cada uno de los condicionantes que forman nuestra cultura, y la tauromaquia está entre ellos. Así, en el más mínimo razonamiento está presente por empatía o por rechazo el hecho taurino. Obsérvense si no las innumerables expresiones taurinas que enriquecen nuestro vocabulario y que son utilizadas con libertad y profusión por taurinos y antitaurinos. Lo queramos o no, detrás cada pensamiento siempre tendremos la punta de un capote que nos deje al toro en suerte.

 

 

 

 

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