Don Bosco, el apóstol de la juventud


Don Bosco en plena actividad.

Corrían los primeros días del mes de septiembre de 1962 cuando, quien suscribe, entraba de forma oficial en el Colegio Salesiano de nuestra ciudad. Ciertamente no era la primera vez que pisaba aquellos pórticos y aquellos patios que se me figuraban inabarcables. Mi padre, antiguo alumno del colegio y, a la sazón, secretario de la Asociación de Antiguos Alumnos, solía llevarme ante la presencia de la Señora para celebrar la Misa dominical y luego visitábamos las dependencias de la Asociación o contemplábamos algún partido de fútbol que estuviera disputándose en alguno de los patios de recreo, por lo que no me costó mucho trabajo convertir aquella noble institución en mi segunda Casa. Don Fernando Santiago, don Pacífico Medina, don José Ruiz Olmos, don José Pacheco o don Antonio Ruiz, son algunos de los nombres que, a borbotones, saltan a mi memoria al recodar mis años colegiales. En aquel lejano 1962, comencé a oír hablar de un tal Don Bosco, era un nombre que, al principio, me resultaba completamente desconocido, pero con el tiempo acabó siendo uno más de mi familia. Pronto supe de su amor desmedido por María Auxiliadora y que fruto de esa pasión era la Obra Salesiana.

Colegio Salesiano de Córdoba. Equipo de 1o-A en 1967, en el que aparece el seminarista que actuaba como tutor.

Como todo en esta vida, tuvo su comienzo el 16 de agosto de 1815, en la aldea de I Becchi, perteneciente a la diócesis de Turín. Allí nacía Juanito, el más pequeño de tres hermanos, hijo de una humilde familia campesina de acendrados sentimientos cristianos. Su padre se llamaba Francisco Bosco y su madre Margarita Occhiena, Mamá Margarita para el orbe salesiano. Muy pronto, cuando sólo contaba dos años, Juanito se queda huérfano de padre y esta circunstancia marcará, y de qué manera, su futura labor, tanto sacerdotal como fundadora, razón por la cual, acabaría siendo conocido como el Padre de los huérfanos. 

Colegio Salesiano de Córdoba. Partido de padres contra hijos celebrado en Mayo de 1966. Archivo de Francisco Román Morales

Buen estudiante y mejor cristiano, el joven Juanito estaba convencido de que la santidad no está reñida con la verdadera alegría, por lo que pronto se convirtió en el alma de todas las actividades recreativas que solía desarrollar con sus correligionarios, todo ello sin desatender el conocimiento del Catecismo y la práctica de los Sacramentos. Tal era su poder de convicción que acabó fundando, siendo todavía estudiante, una asociación conocida como la Sociedad de la Alegría, cuyo lema era Estad alegres, y que fue precursora del sistema educativo que podría en marcha unos años después. Para pertenecer a esta asociación sólo había que guardar dos requisitos: Cumplir exactamente los deberes de un buen cristiano y no desatender las obligaciones escolares. En esta sociedad, además de las prácticas cristianas, se realizaban todo tipo de actividades lúdicas, Juanito era un consumado saltimbanqui y malabarista, organizaba excursiones al campo y todo cuanto se le ocurría para conseguir una juventud sana. Estas actividades serían el germen de sus famosos Oratorios Salesianos. A los que nos referiremos más adelante.

Colegio Salesiano de Utrera. Grupo de alumnos gratuitos hacia 1932. El Colegio de Utrera es la primera fundación salesiana en España. Archivo de Francisco Román Morales

Al finalizar el curso escolar 1834-35, Juan decide abrazar la vida eclesiástica, considerando seriamente hacerse franciscano, pero gracias a la influencia de su párroco, el padre Cinzano, de su director espiritual, Don José Cafasso, la complicidad de Mamá Margarita y uno de sus sueños premonitorios, en el que una voz misteriosa le decía no encontrarás la paz en la Paz, el convento donde pretendía ingresar se llamaba, precisamente, La Paz, hacen que el futuro fundador de los Salesianos decida incorporarse al clero secular. Tras superar las pruebas de acceso, el 25 de octubre de 1835, en la parroquia de Castelnuovo de Asti, tal y como era costumbre de la Iglesia italiana, vestía la sotana por primera vez en su vida ingresando, a continuación en el Seminario. Por fin, el 5 de junio de 1841, Don Bosco es ordenado sacerdote por el Arzobispo de Turín, Monseñor Luigi Fransoni, celebrando su primera Misa en la iglesia de San Francisco de Asís, en el altar del Santo Ángel.

¿Qué son los Oratorios Salesianos? Conocidos también como Centros Juveniles Salesianos, con este nombre se denomina la experiencia educativa e informal, que se inspira en el sistema preventivo creado por Don Bosco. Su objetivo siempre es doble, la formación cristiana y la diversión honesta. Como veíamos más arriba, la vocación del fundador de los Salesianos arranca de una doble vivencia, por un lado la pérdida de su padre y sus primeras actividades con jóvenes de su misma edad y, por otro lado su labor apostólica en Turín. El primer Oratorio Salesiano fue fundado por Don Bosco en Valdocco, un barrio de la capital piamontesa, que llevó el nombre de San Francisco de Sales. Efectivamente, el 8 de diciembre de 1841, el joven sacerdote va a celebrar la Eucaristía en la iglesia de San Francisco en Turín y tiene un encuentro con Bartolomeo Garelli, un joven de la calle que estaba siendo sacado violentamente de la sacristía. Don Bosco defendió al muchacho, se interesó por su vida y al descubrir que estaba abandonado, sin estudios y sin religión, lo invita el domingo siguiente a recibir algunas lecciones de catequesis de su parte, si viene con otros muchachos. De este modo arrancan los Oratorios Salesianos. En la fundación del oratorio salesiano se rastrea lo que será la escuela salesiana y el sistema preventivo que aplicaría a sus centros educativos. Con la ayuda de un seminarista, Francesia, Don Bosco comienza a dar clases dentro del Oratorio que, al principio, sólo estaba enfocado a la formación profesional; sin embargo para 1860, completa la educación media para sus muchachos, insistiendo en que sus estudios fueran los mejores. 

El 26 de enero de 1854, Don Bosco funda un primer núcleo privado de salesianos, permaneciendo así hasta el 9 de diciembre de 1859 cuando, fortalecido por los consejos recibidos del Papa Pío IX, en abril del año anterior, anuncia su deseo de constituir una congregación religiosa, para cuyas reglas se inspirará en las de las Scholae Charitatis,  en las del Institutum Caritatis y en las de los Oblati de Maria Vergine. Nueve días después de este anuncio, diecisiete personas profesaron en la sociedad de San Francisco de Sales, un sacerdote, quince clérigos y un joven estudiante. Hay que hacer notar que por estos años el nacionalismo italiano estaba en contra de las órdenes religiosas, aunque la labor de Don Bosco contaba con el respeto y el apoyo de las autoridades.

Colegio Salesiano de Córdoba. Junto a la Señora, de izquierda a derecha: Juan Martínez Cerrillo, el director
del Colegio don José Rodríguez y los salesianos don Francisco Acuña -fundador de la Hermandad de la
Borriquita y don José Pacheco. Hacia 1965. Archivo de Francisco Román Morales

La obra Salesiana va a pivotar sobre un nuevo concepto educativo, revolucionario para la época, el Sistema Preventivo Salesiano o Sistema Preventivo de Don Bosco que también es conocido de este modo. El sistema nace como una respuesta al sistema represivo de educación que primaba en la Europa del siglo XIX. Con sólo nueve años, Juanito tuvo un sueño en el que se veía intentando poner orden entre un grupo de niños a base de golpes. En este sueño se le aparece un personaje desconocido, cuando le pregunta su identidad, este le responde: Yo soy el Hijo de Aquella a quien tu madre te enseñó a saludar tres veces al día. Mi Nombre pregúntaselo a mi Madre. Este personaje le dice: no con puños, sino con amabilidad vencerás a estos muchachos. Esta frase marcará su proyecto educativo. En síntesis, sistema preventivo quiere decir “prevenir” al joven de los peligros a los que puede estar sometido y orientarlo a dirigir su vida hacia un futuro mejor. Para Don Bosco, el sistema represivo podía impedir un desorden, pero con ello no se lograba que los delincuentes se rehabilitasen, no podemos perder de vista el hecho de que su pensamiento se forma a partir de su convivencia con jóvenes marginales de Turín, y muy particularmente tras los contactos mantenidos en las cárceles turinesas, atestadas en la época de menores de edad. Por ello resalta la necesidad de que se establezca una corriente mutua de afecto entre educadores y alumnos, estos, incluso los más díscolos, violentos o indisciplinados, tienen siempre una esperanza, y dentro del Sistema Preventivo Salesiano siempre encontrarán un espacio para cambiar, no por medio de la represión y los castigos físicos, sino por el diálogo y el sentimiento de formar parte de una gran familia educativa. La gran Familia Salesiana. 

A lo largo de mi, ya dilatada vida, he tenido la oportunidad de vivir y disfrutar de la obra de Don Bosco; aquellos recreos en los que los aspirantes a salesianos, jugando con nosotros a la pelota, se escondían el esférico bajo sus sotanas para poder avanzar hacia la portería. Aquellas celebraciones de los días grandes del Colegio, en las que los pórticos eran engalanados con colgaduras y gallardetes, los alumnos disfrutábamos de magníficas veladas en el teatro del centro, hacíamos demostraciones gimnásticas y competiciones deportivas, celebrábamos la Santa Misa y acabábamos recibiendo un desayuno compuesto por tortas de aceite y chocolate. O aquel recordado Centro Juvenil Domingo Savio, el DOSA, al que me refería en mi artículo de hace dos semanas, que fue fundado por don Carlos Domínguez, un gallego muy activo y emprendedor que supo aglutinar a un magnífico grupo de jóvenes, a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo, y cuyo último consiliario fue don Antonio Ruiz Gómez, un hombre que, a pesar de no ser salesiano en la actualidad, ha vivido y sigue viviendo el espíritu de Don Bosco a lo largo de toda su trayectoria pastoral. En aquel Centro Juvenil podía sentirse el espíritu de Don Bosco en cada uno de sus rincones.

El 31 de enero de 1888 a las 04:45, moría Giovanni Melchiorre Bosco el apóstol de los jóvenes. Tenía 72 años, 5 meses y 14 días de edad y había dado todo de sí para dejar una obra sólida para sus muchachos pobres. En 1890 se abrió el proceso de beatificación y canonización de Don Bosco. El el 2 de junio de 1929 fue proclamado beato y el 1 de abril de 1934 canonizado por el papa Pío XI. Su estatua fue puesta en un nicho reservado a los santos fundadores de órdenes religiosas en la Basílica de San Pedro, como había soñado mientras vivía, y está situada por encima de la de San Pedro. A los lados, se encuentra acompañado por dos muchachos: Domingo Savio y Ceferino Namuncurá.

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