La Feria de la Fuensanta


Por Real Privilegio otorgado por Sancho IV al Concejo de la ciudad en 1284, Córdoba disfrutaba de dos ferias francas dedicadas a la venta de ganados y productos agrícolas, cuyas fechas de comienzo eran los primeros días de Cincuesma (Pentecostés) y primero de Cuaresma, con una duración de quince días cada una. Posteriormente, a partir de 1422, la feria de Cincuesma comenzó a celebrarse con carácter fijo en los primeros días de mayo. En 1492, mediante un arancel dado en Zaragoza, los Reyes Católicos ratifican la celebración de ambas ferias, fijando el primer día de cuaresma y el primero de mayo para la celebración de cada una de ellas. Por fin, en 1566, Felipe II,  confirma el privilegio otorgado por Sancho IV. La celebración de la velada de la Fuensanta es relativamente reciente. A finales del siglo XVII aún no se habla de festejos populares en torno al Santuario, aunque su origen se ampara en el citado privilegio. Sin embargo, En 1789 el Real Consejo de Castilla mandó suspender una de ellas, la de la Fuensanta, debido a los abusos que en ella se cometían, hasta tanto no se tomaran las medidas pertinentes para evitarlo. Según puede leerse en las actas capitulares, la suspensión vino motivada por el hecho de “haber encontrado a parejas de distinto sexo en actitudes deshonestas”, que aprovechando los excesos del alcohol y la presencia de las huertas se entregaban al juego amoroso. La respuesta de la Ciudad no se hizo esperar y ese mismo año, tras intensas gestiones ante la Corte, una Real Provisión de Carlos IV restituye el derecho a celebrar las dos ferias, en virtud del acuerdo adoptado por el Real Consejo de Castilla “con tal que duren hasta las diez de la noche y no más”, siempre que se contara con la oportuna vigilancia y no se permitiera a las mujeres su permanencia en los puestos de licores.

Programa oficial de la “Velá” de 1983: En esta ocasión, el día de la Festividad
de Nuestra Señora de la Fuensanta, el Ayuntamiento incluyo una fiesta votiva
ofrecida por la Corporación Municipal.
(Archivo de Francisco Román)

Salvo en los años 1804 y 1835, que la feria se celebró en la plaza de la Magdalena como consecuencia de las epidemias que tuvieron lugar en estos años, el lugar tradicinal para su celebración es el entorno del Santuario. Cabe señalar que la explanada delantera dispuesta ante el templo, en origen eran los terrenos de la huerta, hasta que en el último tercio del siglo XVIII, dispuso el Cabildo su nivelación y adecentamiento.

¿Cómo se vivía aquella feria? Como en tantas otras ocasiones, es Ricardo de Montis quien nos ilustra: «En tiempos ya lejanos fue tan importante como la de Nuestra Señora de la Salud, y siempre tuvo más poesía que esta, por su carácter tradicional y por el sitio en que se celebra.

Además había en ella un sello genuinamente cordobés, del que carecen las dos que hoy se verifican en nuestra capital, iguales o muy parecidas a todas las del resto de España.»

Fiel a su tradición, la compraventa de ganado, especialmente cerdos, tenía lugar en la cercana Cuesta de la Pólvora, así denominada por la existencia de una antigua fábrica Dado que en las proximidades de la Carrera de la Fuensanta existió una fábrica de fósforos y es probable que por este camino llegaran los suministros de pólvora para la citada fábrica, lo que habría dado origen al nombre. En las inmediaciones del mercado se instalaban las casetas flanqueando el camino que lleva al santuario, hasta llegar al puentecillo que daba acceso al llano de la iglesia. Este espacio era el destinado para los puestos de frutas «y eran de ver las pilas de hermosos orejones, de ricas ciruelas pasas que se levantaban en aquel paraje, para deleite de los gastrónomos». A la entrada del camino de las huertas estaba lo más clásico de esta feria, al parecer de De Montis: «las chozas de los higos chumbos, que constituían un cuadro encantador».

Aspecto que presenta el Pocito en la actualidad (Foto Paco Román)

Según cuenta nuestro cronista, «El pueblo cordobés, en el que siempre estuvieron hondamente arraigados los sentimientos religiosos, antes de detenerse en los puestos, antes de penetrar en las barracas de los espectáculos o de sentarse en las sillas del Asilo para ver la función de fuegos artificiales, acudía al santuario, pues lo primero era visitar a la Virgen». Tras lo cual, entonces sí, la animación se trasladaba a la calle, donde la feria no decaía a lo largo de la jornada, entremezclándose el cante y el baile andaluz con la degustación del “sabroso fruto del nopal”. El paseo de la Ribera, así como las calles de Lucano, Lineros, entonces de Emilio Castelar; de Don Rodrigo, y del Sol, en la actualidad Agustín Moreno, al decir de la época, se transformaban en verdaderos “coches parados”, debido al gentío que en ellas se congregaba. Lugar de obligada visita lo constituía la nave aneja al templo donde se exponían la colección de exvotos, comenzando por el famoso caimán, la costilla de la ballena, la sierra del pez así denominado, muletas e infinidad de tablillas pintadas por un artista modestísimo, que en su pobre taller, situado en la calle de San Fernando, se anunciaba del siguiente modo: “Se confeccionan milagros”. Por último, también era de obligado cumplimiento la visita al Pocito, para tomar un trago sus salutíferas aguas.

En 1860, el Ayuntamiento acordó la creación de una feria provincial en otoño, por las ventajas económicas que la misma podría reportar a la Ciudad, pero no fue hasta 1889 en que, suprimida la Feria de la Fuensanta, y a instancias de los labradores y ganaderos, quedó definitivamente establecida, siendo su fecha de comienzo el 25 de septiembre. De esta innovación se quejaba De Montis lamentando «que se haya suprimido la feria más típica, más tradicional, más poética de  Córdoba, para crear otra que desde sus comienzos arrastra una vida pobre y que, andando el tiempo, ha de morir por consunción». Como efectivamente acabaría ocurriendo. No obstante, durante décadas se mantuvo viva la costumbre de visitar a Nuestra Señora de la Fuensanta en el día de su festividad. Todavía recuerda quien esto escribe el olor a tierra húmeda y a hierba fresca de aquellas las mañanas septembrinas de la infancia, en las que la tradición familiar marcaba realizar la preceptiva visita a la Copatrona de la ciudad. La admiración que despertaba entre la chiquillería algún pequeño carrusel de caballos desvencijados, las barquillas o una minúscula noria que excitaba nuestra imaginación de niños. Los tenderetes de higos chumbos y avellanas cordobesas, junto con las clásicas campanitas de barro, último reducto de una tradición muy cordobesa, otrora presente en todas las fiestas populares de nuestra ciudad. El colofón de aquella mañana se alcanzaba delante de un puesto de jeringos degustados con delectación en ‘Los Mochuelos’, ‘El 6’ o en ‘Casa Miguelito’ de la Puerta de Baeza, acompañados de un humeante chocolate. Posteriormente, la feria de septiembre fue suprimida, retornándose a la celebración de la velada de la Fuensanta con la llegada al Consistorio Cordobés del alcalde Anguita, si bien la celebración experimenta un cambio sustancial: A partir de entonces la “velá”, a secas, como comienza a denominarse, vuelca todos sus esfuerzos en la imagen del caimán, hasta convertirlo en la figura icónica de la celebración. Se ve que el lagarto es más inclusivo que Nuestra Señora de la Fuensanta, origen de la fiesta, porque hasta el Córdoba S.A.D. lo ha adoptado como mascota del equipo.

La explanada de la Fuensanta a comienzos del siglo pasado (Archivo de Francisco Román)

Por si esto fuera poco, si a una evidente dejadez por parte del mundo católico, que poco o muy poco ha hecho por la celebración, se une la circunstancia de que, salvo en contadas ocasiones, la organización del evento ha estado en manos de entidades abiertamente hostiles a todo cuando huele a incienso, convirtiendo las jornadas en foro para sus reivindicaciones políticas y sociales, el resultado es una fiesta que cada vez despierta menos interés para un sector mayoritario de la población, aunque se da la paradoja de que la “actividad” que concita más participación, es una que cuesta trabajo incorporarla al programa oficial: la procesión con la imagen de Nuestra Señora de la Fuensanta.

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