Soñar para vivir…


“La afición de Córdoba una de las mejores de España. Una pena que solo tenga esta afición para finales de Champions, durante el año como vaya mal se ve más solo que la una. Porque lo que es, es.”

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Título de socio infantil del Racing F.C. (Archivo de Francisco Román Morales)

Con estas palabras se expresaba el pasado domingo mi amigo y conocido cofrade, Carlos Lara, tras la euforia vivida en nuestra ciudad por la permanencia del Córdoba en la segunda división del fútbol nacional. Tengo que reconocer que el diagnóstico no puede ser más acertado, aunque duela. Porque la realidad, la triste realidad, es que los cordobeses nos movemos a impulsos, la constancia no es una virtud que adorne nuestra idiosincrasia. El historiador Luis Palacios Bañuelos, profundo conocedor de nuestra realidad social y cultural afirma en su libro titulado “Córdoba y lo Cordobés, señas de identidad”, publicado por Almuzara en 2004, un libro que recomiendo, apunta que los cordobeses tenemos una destacable tendencia a proyectar sin que, con frecuencia, esto se traduzca en realizaciones, llamando la atención la cantidad de proyectos que no pasan de eso. Como resulta evidente, a esta realidad no escapa lo tocante al llamado “deporte rey” -salvo en contadas y honrosas excepciones- entre las que destaco a conocidos hinchas y cofrades como Enrique León, Angel María Varo, Cristóbal Prieto o Antonio Poyato.

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Carnet de socio del Real Club Deportivo Córdoba (Archivo de Francisco Román Morales)

Mi padre fue siempre un apasionado del fútbol, hasta que le llegó el desencanto. En sus años mozos, a pesar de la oposición familiar, llegó a tirar las botas por la ventana para no ser detectado, jugó en varios equipos, llegando a ser protagonista de un reportaje periodístico con foto del equipo incluida, creo que era el Posadas Balompié. Tanto él como su grupo de amigos, fueron seguidores o hinchas enfervorecidos del Racing F.C. y del Real Club Deportivo Córdoba, antecedentes del Córdoba C.F. que conocemos en la actualidad, dándose la circunstancia abroncarse entre ellos cuando, por alguna circunstancia, alguno de ellos no acudía al Campo de Fútbol de la Avenida de América, situado en el antiguo cuartel de artillería, escenario donde habitualmente jugaban aquel equipo, hasta su traslado al Estadio del Arcángel el 8 de septiembre de 1945, tras conseguir el retorno a la Tercera División.

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Formación del Real Club Deportivo Córdoba, publicidad de Pañerías González, con domicilio
social en Conde de Gondomar, 29 (Archivo de Francisco Román Morales)

Como todo el mundo sabe, en 1954 nace el Córdoba C.F., producto de la fusión de los dos equipos que existían en nuestra ciudad, el ya mencionado Deportivo Córdoba y el San Álvaro. Aquel grupo de amigos siguió la andadura de la nueva entidad blanquiverde con la misma pasión con la que habían seguido al Racing y al Deportivo. Esta historia tiene su momento álgido en la temporada 1961-62 con el ansiado ascenso del Córdoba C.F. a la Primera División del fútbol nacional, tras vencer al Decano por cero goles a cuatro en es Estadio Colombino de la capital onubense, en la tarde memorable del 1 de abril de 1962. Bajo la dirección de Roque Olsen, el equipo estaba integrado por Benegas -portero titular-, Simonet, Martínez Oliva, Navarro, Ricardo Costa, Martínez, Riaji, Juanín, Miralles, Paz y Homar siendo García el portero suplente. Muchos fueron los cordobeses desplazados hasta la capital choquera, para disfrutar de aquel momento único, que muchos quisieron empañar arguyendo que el partido había sido comprado, no queriendo aceptar la contundencia de la derrota.

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Los jugadores pasean en hombros al entrenador del Córdoba, Roque Olsen, tras vences
al Recreativo de Huelva por cero a cuatro, en la tarde memorable del 1 de abril de 1962.
Foto: Francisco Román Cano. Archivo de Francisco Román Morales.

Con frecuencia recordaba mi padre aquel partido y lo que sucedió a continuación. Ingenuamente, él pensó que, si aquel año la afición había respondido con la pasión demostrada, jugando en Primera “cada domingo sería una feria”, pues por el Estadio del Arcángel iban a pasar los mejores equipos del panorama nacional. Y ese fue su gran error, reconocía con amargura, ya que la “afición” sólo respondía cuando los grandes visitaban el viejo Arcángel o hacían lo propio los equipos andaluces, acompañados de sus respectivas hinchadas, que llenaban la ciudad de ambiente y colorido, salpicado con algunos enfrentamientos entre los “radicales” de aquella época, que no pasaban de algunos insultos, el consabido y “vosotros más”. Cuando la cosa pasaba a las manos, la rápida intervención de las fuerzas del orden, daba con los huesos de los alborotadores en la “jiguerilla”, nombre con el que eran conocidos los calabozos policiales.

Tengo que admitir que, en los últimos años, la fidelidad del cordobesismo ha ido en aumento, incluso cuando las circunstancias han sido tan nefastas como el último y fugaz paso por la Primera División y que hemos podido comprobar las últimas semanas con una afición volcada sin ambages con los destinos del equipo representativo de la ciudad. Esto me lleva a otra cuestión de más calado. Hace unos días, el también cofrade, Antonio Varo, escribía en una conocida red social: “Es muy significativo que se celebre la permanencia como un triunfo. Da idea de lo que somos los cordobeses … en todo.” Y es cierto, porque nuestros genes están marcados por la añoranza, la resignación, la desesperanza, la melancolía, la desidia y el escepticismo más profundo, lo que nos lleva con demasiada frecuencia al quererlo todo pero que lo hagan, piensen y se impliquen otros. Por eso, lo ocurrido no deja de sorprenderme y me lleva a lanzar algunas preguntas al aire: ¿Esto significa que los cordobeses estamos dispuestos a implicarnos en la transformación de nuestra ciudad, y no vamos a dejar estos asuntos en manos de movimientos y asociaciones que sólo son la voz de su amo? ¿Que estamos rompiendo la pesada losa que supone la añoranza de los esplendores de épocas pretéritas que no hemos conocido, y comenzamos a mirar al futuro? ¿Que empezamos a tener conciencia de ciudad, por encima de los límites de nuestros respectivos barrios? ¿Que dejamos de contentarnos resignadamente con las migajas que nos dan y comenzamos a aspirar a lo máximo? ¡Ojalá que todo esto no sea más que un espejismo o el sueño de una noche de verano!