Rendidos a tus plantas Reina y Señora


Con mucha probabilidad, la presente fotografía sea de las primeras que se le realizaron a esta imagen ante la que, el 10 de mayo de 2009, el corazón de Córdoba, ciudad silenciosa y de reconocimientos callados, puso su corona rendida a sus plantas, ¡Reina y Señora!/Archivo: Francisco Román Morales

Hace ya una décadas, un político local de cuyo nombre no quiero acordarme, aunque sí recuerdo que acabó cayendo víctima de su propia prepotencia, acuñó un eslogan de campaña que rezaba, más o menos, algo así: “No todo el mundo tiene la suerte de haber nacido en Córdoba”. Pues en el día de la fecha, parafraseando aquella consigna, no dudo en afirmar: “No todo el mundo tiene la suerte de ser hijo de Don Bosco”. Hoy es 24 de mayo, el día de María Auxiliadora, la Señora para quienes hemos tenido ese inmenso honor. Me vais a permitir realizar un ejercicio de añoranza, siguiendo el estilo de mi admirado Ricardo de Montis.

Mi relación con los patios del colegio salesiano de nuestra ciudad comienza desde  el mismo momento de mi nacimiento. Mi padre era antiguo alumno y toda su vida discurrió, casi literalmente, a la sombra de la Señora, tanto por su condición, ya señalada, como por su compromiso con la Casa y porque, casi toda su vida, transcurrió en un radio no superior a los quinientos metros del colegio. Por ello, no es de extrañar que, con seis años apenas cumplidos, comenzara mi andadura por aquellos patios. No voy a cometer la frivolidad de afirmar aquello de Jorge Manrique, de que cualquier tiempo pasada fue mejor, pero ello no me impide recordar aquellos primeros años de mi vida con auténtico fervor.

Recuerdo mi primer “Día del director”, celebrado por todo lo alto con una becerrada en el patio central del colegio. O los días de Don Bosco y Santo Domingo Savio, que no “el Sabio”, cuando todos los patios eran exornados con gallardetes y metopas con banderas multicolores, entre las que predominaban los colores rosa y celeste, propios de la Auxiliadora. En aquellas ocasiones, después de celebrar la Santa Misa delante de Ella y de sus respectivos altares, entonces el presbiterio de la basílica aparecía presidido por tres aras, el central con María, el del lado del Evangelio lo ocupaba la efigie de Don Bosco, mientras que en el de la Epístola estaba Domingo Savio. Después del acto religioso venía el momento dulce, cuando nos repartían suculentas tortas de aceite y porciones de chocolate, paso previo para la celebración de todo tipo de competiciones deportivas. Nuestras vidas transcurrían, casi en su totalidad, entre los muros del colegio erigido en  1901 gracias al empeño de don Mariano Amaya, párroco de San Lorenzo, y don Francisco Romero, celosísimo sacerdote que hizo posible la compra de la teneduría y huerta de la calle Mayor de San Lorenzo, n.º 168, para sede de la Obra salesiana. Por aquellos años los salesianos llevaban ya en Andalucía veinte años enviados por el mismo fundador san Juan Bosco. Cupo a Utrera la suerte de ser la primera fundación salesiana en nuestra patria. Por aquellas fechas, la superficie que ocupaba el colegio era, prácticamente, el doble de la actual. Por su lado oeste alcanzaba la calleja Escañuela, tal y como ocurre en la actualidad, mientras que por el este llegaba hasta la Ronda de la Manca. Cuatro patios acogían a más de mil alumnos, entre los que se encontraba un nutrido número de internos, distribuidos por niveles educativos.

Grupo de antiguos alumnos de la promoción salida del colegio en 1973, rezando ante la Señora en un encuentro celebrado el 10 de abril de 1999, para conmemorar los 25 años de su salida del colegio../Archivo Francisco Román Morales

Especial relevancia revestía la celebración del 24 de Mayo. Esta fecha conmemora el 24 de mayo de 1814 cuando el Papa Pío VII, gran devoto de la advocación a María Auxiliado, fue liberado por Napoleón quien lo había apresado en 1806 por su negativa a sumarse al bloqueo de Inglaterra. Como decía, este día grande para los salesianos se preparaba con especial ahínco: se celebraba la novena, se preparaban cánticos y se organizaba la procesión con las imágenes de la Auxiliadora, Don Bosco y Domingo Savio, entronizados en sus respectivos pasos. Aquella procesión que llegaba en su recorrido hasta la plaza de las Tendillas, constituía una auténtica manifestación de fervor y agradecimientos por los innumerables favores concedidos por la mediación de la Señora, ya que en la misma, además del alumnado, se concitaba toda la familia salesiana: seminaristas propios, Asociación de Antiguos Alumnos, hermandad del Prendimiento, Cooperadores salesianos, Hijas de María Auxiliadora… hasta completar un cortejo de dimensiones, hoy inimaginables. A su finalización, una gran traca anunciaba a Córdoba que la Señora había regresado a su templo.

Para finalizar este recorrido por la añoranza, no quiero dejar pasar la ocasión para aludir a la actual imagen de María Auxiliadora venerada en su Santuario. Fue bendecida el 25 de marzo de 1908. Según cuenta Don Miguel Aragón, salesiano encargado de coordinar los actos de la coronación pontificia de la venerada imagen, llevados a cabo entre el 30 de marzo de 2008 y el 10 de mayo de 2009, la bendición supuso  para la Obra salesiana y para Córdoba un hecho que marcaría un hito para la historia. Bendijo la Imagen el Obispo de la diócesis, Excmo. Sr. don José Pozuelo Herrero en presencia de las autoridades de la ciudad, de los vecinos del barrio que se volcaron y de otros numerosísimos cordobeses. Apadrinaron el acto don Carlos Carbonell y Morand y su esposa doña Asunción Ruiz de Portal. Era director de la Casa salesiana don Sebastián María Pastor, alma de la Obra salesiana cordobesa casi durante sus primeros veinticinco años y a quien el Ayuntamiento de la Ciudad nombró hijo adoptivo en 1929.

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