Cofrades que son fotógrafos


Quizás han pasado más años de los que estaríamos dispuestos a admitir. Un puñado, tampoco muchos, no se crean…

Un pequeño grupo de cofrades, enloquecidos con la absurda idea de que es posible fotografiar cosas invisibles, comienzan a hacerlo cada uno por su cuenta. Pero deciden unirse y llevarlo a cabo como si fueran uno solo. Fococor, la asociación como ahora mismo existe, apenas ha dado unos pocos pasos, pero antes de eso, su germen viene existiendo desde hace años.

Cuesta pasar de las palabras a los hechos, cuesta hacer real lo que tantas veces se imaginó. Más de una, y de dos veces, alguien pensó en voz alta. Algún día, alguna cuaresma, ese grupito de amigos tendría capacidad para poner en la calle un cartel. Quizás en aquellos momentos, el resto lo miró con esa cara que se mira a quien sueña despierto y dice cosas que a los demás se le antojan imposibles.

Pero ya hace tiempo, se sabe, o se intuye, que lo imposible a veces sólo es difícil. Con ganas, ilusión, con una fraternidad a prueba de golpes, una paciencia casi infinita y mucho amor por la semana santa, la realidad deja atrás al sueño que una vez fue. Por segundo año, porque el año pasado ya fue el primero, la asociación de fotógrafos cofrades de Córdoba (Fococor) presentó su cartel. Para muchos sólo será un cartel más, de los muchos, quizás demasiados, que se editan en estas fechas. Tras la delgada lámina de papel presidida por la impresionante imagen del Señor de Coronación, hay una carga descomunal de ilusión,  ganas de aportar, de humildad, de trabajo. Hay un sueño compartido de muchos, muchos que han encontrado la manera de transmitir como colectivo lo que era más complicado de hacer de modo individual.

Para bien o para mal, la semana santa, así como otros momentos de naturaleza cofrade, procesiones de gloria, extraordinarias o cultos, duran lo que duran. Se ha conseguido mantener encendida la débil llama de un cirio, durante todo el año. Los que una vez sólo hemos sido conocidos, pasamos a ser amigos. Y ahora somos como hermanos, en una lenta evolución que nos acerca, y así lo creo con firmeza, a ese Mensaje milenario que un Pastor de hombres pregonó hasta que lo apresaron y dieron muerte, hace ya mucho tiempo.

En una actividad de naturaleza claramente individual, donde cada uno hace su guerra por su cuenta. Donde a menudo se producen roces que todos hemos visto alguna vez. Los integrantes de la asociación luchamos para imponernos a nosotros mismos una disciplina donde le damos la vuelta al concepto típico de “fotógrafo cofrade” para pasar a ser “cofrade fotógrafo”. Lo primero es lo primero, y en fococor lo tenemos muy claro.

A las puertas mismas, de la semana santa del 2019, cada uno anda preparando su equipo, mirando al cielo con la esperanza de que no vayan a venir las nubes en el momento más inoportuno. Pero antes de empezar a meter trastos en la mochila, se deja un pequeño hueco para meter, antes que nada, un poco de humildad. A la hora de acercarse a fotografiar el Mensaje de Cristo a pie de calle, doy fe de que es lo más valioso que llevas en la mochila. Sin esa humildad, quizás vuelvas a casa cada noche cargados de fotos, algunas buenas, seguro. Pero en absoluto le habrás robado a las procesiones, ni una migaja de su esencia ni del sentido que tienen.

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