A la consejera, un consejo


Benidorm podría ser como la Meca, para los que detestan las procesiones de semana santa. Pero si prefiere montaña, es posible que incluso en alguna parte, para esas fechas, quede nieve y pueda esquiar. O hacer senderismo, que es andar más rápido de lo que avanza un cortejo de nazarenos, con un bastón en lugar de un cirio. O si prefiere otra clase de penitencia, siempre puede escoger un vuelo en una compañía low cost, o por qué no, un viajecito en tren hasta Extremadura, que eso sí es penitencia de la buena.

Somos seguidores de quien dejó solo a un rebaño entero y se fue a buscar a una única oveja perdida. Creemos en quien recibió una bofetada y puso la otra mejilla. Alguien que, en sus peores momentos, sostenido en un madero por tres clavos, dedicó las pocas palabras que pudo balbucear, a perdonar a los que lo habían clavado.

¿Qué sabrá usted, consejera?, de lo que motiva a unas personas, que deciden hacer de la semana santa su guía, su luz, la medicina que palia sus males, aunque sólo sea un poco.

¿Puede usted entender el Mensaje de alguien que nació en un establo, que durmió sus primeras horas en un pesebre, y que murió como el peor de los delincuentes cuando su delito fue, tratar a abrirle los ojos a sus semejantes?

Las cofradías hay que entenderlas como unas asociaciones de pecadores, de personas caídas, que acuden arrastrándose por el suelo con la esperanza de volver a ponerse de pie otra vez, aunque sólo sea para seguir cayendo.

No espere usted encontrar virtuosos en las cofradías, ¿o es que alguna vez ha acudido a un hospital a visitar a un familiar sano? No ha entendido usted nada, consejera.

No le negaría que las procesiones de semana santa tienen una puesta en escena que roza el anacronismo. Pero el concepto actual de penitencia nada tiene que ver con el de otras épocas más oscuras, se ha leído usted el prólogo de la novela, y la ha dado por leída en su totalidad.

Esquiando en Baqueira, o en una abarrotada playa de Benidorm, no le faltará diversión para esa semana, que de vez en cuando, hasta nos sale con buen tiempo.

No voy a ser yo quien le saque de su error. De hecho prefiero que siga usted con sus planes iniciales, de alejarse de las procesiones lo más que pueda. Aunque ahora, gracias al cargo que ocupa, quizás se la vea en algún palco, desde donde la cosa ya se ve de otro color. Los cofrades preferiremos saber que está usted disfrutando de sus vacaciones lejos, y ver su silla vacía en el palco de autoridades.

En cierta ocasión, Iban a lapidar a una mujer adúltera, y gracias a las palabras de un tal Jesús, nadie fue capaz de tirar una piedra. Nadie en toda la multitud se sintió libre de pecado como para tirar una piedra. Los cofrades somos como esa multitud, ninguno de nosotros nos sentimos libres de pecado. Afortunadamente para aquella pobre mujer acusada de adulterio, usted no estaba allí. ¿Como anda de puntería, consejera?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here