Ensalada de carteles


Quien más y quien menos está tratando de avanzar por aquello que antes llamaban “la cuesta de enero”. Lejísimos de la cuaresma todavía. Pero como mandan los intereses turístico-económicos, ahora tenemos un adelantando miércoles de ceniza a mediados de enero. Se abre la veda y muchísimas localidades presentan su cartel de semana santa 2019, tan pronto, para poder llevarlo a fitur, que se celebra próximamente, y promocionarlo allí.

Cuesta recordar que la semana santa, por encima de otros factores, es una festividad o celebración, religiosa. Si les parece bien, dejo de escribir un momento para que acudan al diccionario, o a google, y busquen el significado de esta última palabra, porque estamos un poco despistados con eso, de un tiempo a esta parte.

Ya se que es artística, que es histórica, cultural, muy hermosa y potencialmente turística. Pero no olviden que es religiosa, que podríamos prescindir de todas las demás cosas, menos de esa. Si prescindimos de esa premisa, nuestras procesiones no se diferenciarían mucho de unos pasacalles carnavalescos, y no es el caso.

Desde algunos sectores de la sociedad, y desde los poderes públicos, da la sensación de que están tratando de arrancarle a la semana santa su componente religioso, o dejarlo reducido a su mínima expresión. Ya lo han conseguido con otras festividades. Precisamente acabamos de salir de la navidad, que ha perdido casi sin darnos cuenta, su esencia.

Los carteles de semana santa, se convierten en una importante herramienta para “analizar”, por decirlo de algún modo, la salud del importante evento que anuncian. Se utilizan diversas técnicas, tales como la pintura, fotografía, fotocomposición digital. En algunos lugares es fruto de un concurso que alguien gana, en otros es un encargo que se le hace a un determinado autor. Y todo, para que a mediados de enero, en lo que antes era tiempo de rebajas y de bufandas, nos llegue un leve tufillo a incienso que nos haga olvidar lo lejos que está el miércoles de ceniza.
Todo se hará por alguna clase de interés, supongo. El pastelero busca solapar el turrón con la torrija, vive de sus dulces. Pero el artista, ¿Qué interés tiene el artista? Al que le encargan un cartel y le dan libertad para que lo haga a su gusto, y le dan intimidad para que lo cree a solas. Sin que nadie lo pueda ver hasta que, en un salón de actos, en presencia de la autoridad y de numerosos cofrades, se levante el telón y quede a la vista de todos.

¿Y si le encargamos a un artista que no es creyente, o incluso, que desprecia nuestras creencias, que nos pinte un cartel de semana santa? Le estamos dando una oportunidad para que exprese lo que siente. Ni más, ni menos.

No todo vale a la hora de crear un cartel de semana santa. No se trata de ser innovador, rompedor, vanguardista, moderno o atrevido. No tiene nada que ver con eso.

Señor cartelista, si lo que busca es que hablen de usted, aunque sea mal. Si piensa que le beneficiará de algún modo, conseguir que hablen de su cartel hasta en la Meca, no acepte el encargo, por favor. Ahórrenos a muchos cofrades el disgusto. De ver, como algunas personas, desde un plano superior en el que se ven ascendidos, por obra y gracia del progresismo reinante, se aprovechan de la espiral tolerante y buenista en el que estamos metidos como colectivo. Y se pitorrean de una festividad que es para muchos de nosotros como la luz que nos permite ver.

Como pueden suponer, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia, no estaba pensando en ningún cartel concreto. Es sólo una reflexión escrita de lo que temo que está por llegar. Del intento de poner lo cultural por encima de lo religioso y vincular la semana santa, con corrientes modernistas donde las cosas ya no son como eran, como debieran ser. No permitamos que la semana santa pierda su esencia religiosa, no permitamos carteles de semana santa, rozando el esperpento, cuando no, directamente la burla.

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