Quién da más

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En vista de que, quien más y quien menos está sacando a la luz su valoración de la procesión de Humildad y Paciencia del sábado, me hago cargo y subo la apuesta.

Humildad y Paciencia en la Catedral./Foto: Jesús Caparrós

¿Quien da más?, o ¡hagan juego señores!, parecen palabras de crupier de casino donde la diosa fortuna rara vez aparece. Como rara vez aparece en estos tiempos la cordura allí donde hay una importante masificación de personas.

Se trataba de uno de los pasos de misterios más conocidos fuera de la ciudad, con una de las mejores bandas del momento, un plácido sábado donde acompañó el tiempo. ¿Alguien da más? Ayer no había contraprogramación que pudiera con eso, seguramente no había ningún mitin populista, quizás tampoco hubo liga. A mi no me pregunten que yo de las ligas que entiendo, son otras.

¿Alguien esperaba una procesión tranquila, organizada y sin incidentes? yo no.

Se empieza por perder el norte y al final ya no sabemos donde está la brújula. Con la brújula se perdió la vergüenza, la educación y otros valores que, si fueran animalillos, estarían en boca de todos los ecologistas, pero no es el caso.

No se engañen, anoche, para una enorme cantidad de gente, el protagonismo se lo llevaba la banda gaditana. Es lo que hay, es a lo que hemos llegado. La hermandad no tiene la culpa, se trae lo mejor que hay para un día que ellos consideran especial. Perdido el norte, la brújula o el respeto por las cosas, todo lo que queda es un lento desmoronamiento, a veces no tan lento. Que dará de si lo mismo que un avión cuando cae en picado, es decir, llegará hasta estrellarse contra el suelo, un suelo que ya no debe andar lejos, todo hay que decirlo.

Un cortejo completamente deslucido, ¿es culpa de la hermandad?, si era imposible transitar por la calle. Con gente sentada en el suelo a escasos metros del paso. Gente que no atiende a las indicaciones de los responsables de la propia hermandad, ni siquiera de la poca policía que había.  Gente mandando a callar para poder escuchar a la banda.

Se empieza por un ayuntamiento desleal, y ya no se puede enderezar. La hermandad tuvo que alargar innecesariamente el recorrido en un par de zonas, y por si fuera poco, en Colón se fueron abriendo los aspersores de riego, perfectamente sincronizados con el avance del paso, ¿casualidad?

No pasó nada, es lo mejor que se puede decir, en San Andrés hubo que acercar el paso a la pared y abrir hueco para que pasara una ambulancia del 061. Todo se hizo rápido y eficaz salvo por el clásico señor con el carrito de bebé, empeñado en querer pasar entre la ambulancia y el paso. Insistiendo en que él iba a su casa, que estaba allí al lado, y aquello de la procesión y la ambulancia, no iban con él. Sin comentarios…

Tenemos todos asiento de primera fila para ver el desmoronamiento de una sociedad, que como todo, costó mucho construir y que ahora se diluye como un azucarillo en el café. Es cuestión de tiempo, de poco tiempo.

La hermandad hizo lo que pudo, en las calles había pocos devotos y muchísimos reporteros gráficos. Quizás haya sido el avance de la tecnología, combinada con la mala influencia de aquellos programas infantiles, donde una rana ejercía de reportero, el más dicharachero del barrio. Yo no vi anoche ninguna rana, ni siquiera en los charcos de Colón, pero vi cosas que me gustaron muy poco. Y dentro de lo que sí me gustó, vi muy bonitos detalles de la Centuria Romana, detalles de calidad humana, pero claro, iban lejos del paso, de la banda gaditana y el mensaje que traían, no era del interés general.

Es fácil atizarle a la hermandad, por lo que hace o por lo que no hace, pero lo único que hicieron fue salir en procesión, de la mejor manera que pudieron. Quien la otra noche no quiso entender nada de eso, de que estaban presenciando una procesión y no un pasacalles, son los verdaderos responsables de que las cosas no salieran como podrían haber salido.

1 Comentario

  1. Muchas otras procesiones han transitado entre los residuos de la misma sociedad grosera y maleducada y no todas han tenido un cortejo exiguo, una organización inexistente y un recorrido maratoniano.

    A lo mejor es que muchas otras procesiones se han puesto en la calle con un motivo sólido y no solo para dar el capricho a los costaleros de bailar samba a los sones de una de las mejores bandas del momento. Quizás eso pueda influir, habría que estudiarlo.

    No se puede culpar siempre al empedrado. A la sociedad le ponemos un cero… pero a la hermandad otro, y bien grande.

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