Extraordinarias ordinarias. El culto a las efemérides


Ni falta hace que haga ninguna clase de introducción. La hechura de la imagen, la fundación de la hermandad, la coronación canónica, la llegada de la talla procedente de otra parte, la bendición de un paño de bocina o la colocación del primer ladrillo de la casa de hermandad. Todo vale para fijar la vista sobre un calendario, y encontrar el motivo para ponerse en la calle. Cuando son varias las mentes pensantes, más fácil es dar con la efeméride perfecta para aprovechar esa hermosa luz de un otoño fresco. Como recién llegado, y hacer que los rayos del sol den de lleno en el rostro de nuestras imágenes, casi en las antípodas mismas de su momento “ordinario” y primaveral.

Son muchas hermandades, cada una con una interminable lista de efemérides “de enjundia” como para celebrarlas con una salida extraordinaria. Con una banda traída de fuera, o con varias. Los 365 días de calendario, de un año normalito, se pueden quedar cortos, de hecho, en determinados momentos así lo parece.

Nos gusta más una procesión que a un tonto un lápiz. Absurda frase hecha, o cuando menos pasada de moda, desnaturalizada. Ahora a los tontos les gustarán las tablets o los smartphones. Los lápices, como el sentido común, van a menos, donde los tontos, van a más, y no me lo tomen a mal que no es exclusivo del mundo cofrade.

Pues, en esas estamos, en el momento de las extraordinarias, a bombo y platillo, que todo el mundo espera como agua de mayo. Aunque sea en septiembre-octubre, y esperemos que sin agua. Ya que se programa la salida, se monta el paso, se ponen las flores y se trae a la banda, cancelar por lluvia se me antoja demasiado castigo o una cruel forma de poner las cosas en su sitio. Y las procesiones de semana santa, en semana santa, con su cortejo de nazarenos y su olor a azahar. Para todo lo demás, la oferta de ocio en los fines de semana es casi infinita, sin necesidad de sumarse a modo de “una actividad cultural más”.

Como diría José Mota, si hay que salir se sale, pero salir por salir… Si hay motivo, bien, y si no lo hay, se cocina. En Sevilla hicieron una magna en el 92, no recuerdo el motivo “litúrgico” que encontraron, pero esa era su año y no podía faltar, en una interminable lista de actos o actividades de todo tipo, una procesión magna, o santo entierro magno, qué más da el nombre que le pusieron si en realidad fue “la magna de la expo”.

Si queríamos un otoño con olor a incienso, lo vamos a tener. Que no me lo tomen a mal ninguna de las hermandades que protagonizarán las próximas e inminentes salidas extraordinarias. Tampoco estoy demasiado informado de los motivos. Como siempre, algunos de más relevancia que otros, sin corresponderme a mi justificar una cosa ni la contraria. Tampoco me lo tomen como una crítica, más bien es una reflexión en voz alta. De alguien a quien le daría menos quebraderos de cabeza quedarse callado y acudir a las procesiones como un cofrade más. Pero que elige alzar la voz aún a riesgo de recibir alguna pedrada. Siempre será mejor, para el mundo cofrade, que “los puntos sobre las íes” los pongan los que estamos dentro. A fin de cuentas me puede el cariño y no tiro a dar. Los que están fuera quizás vayan con el cuchillo entre los dientes. Cansados de tanto corte de tráfico, entre otras cosas, por unas procesiones que ellos verán como unos pasacalles desnaturalizados y fuera de contexto…

Y a todo esto ¿A qué hora sale de la catedral la extraordinaria del próximo sábado?, digo yo que habrá que ir.

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