El bombo de la Esperanza

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El trabajo que cuesta a veces, encontrar las palabras. Si la vida se pudiese poner por escrito en un pentagrama, el golpe del bombo, ¿Qué sería el golpe del bombo? Vendría a ser lo que marca el ritmo, quizás un equivalente sonoro del latido del corazón.

Pero es el Altísimo quien firma la partitura, el que escribe las notas, el que marca los tiempos, administra los silencios y pone ritmo a la creación. No nos corresponde a nosotros, por eso hay tantas partes de la partitura que nunca alcanzamos a entender, hasta que no suena la marcha completa, una vez terminada.

Desde la más remota antigüedad, se ha venido diciendo que la esperanza, es lo último que se pierde. Es lo único que quedó cuando Pandora abrió la caja.  Ya era tarde, los males se expandieron por el mundo cuando la curiosidad de aquella mujer pudo más que la prudencia. Pero sólo es mitología, el mal no se expande, es una constante, se deja notar sólo cuando el bien recula. Tal vez no tenga entidad propia y sólo sea la otra cara de una moneda, que gira sin descanso desde que se lanza, hasta que se da de bruces contra el suelo.

Habrá quien piense que rezar no sirve para nada, si le preguntas a un sordo, dirá que el bombo tampoco sirve para nada, pero esos golpes repetidos en el tiempo con precisión, articulan al resto de sonidos. Qué sabrá el sordo de música, y qué sabrá el ciego de la luz. Hay momentos en los que sólo vale rezar, y este es uno de ellos.

En el silencio, cuando los músicos descansan, parece que el tiempo se detuviera también, quedó solo el metrónomo marcando el compás, pero nadie en la banda toca. Uno de los suyos se debate entre la vida y la muerte, es el turno del rosario y la plegaria. Y es ahora cuando más sentido cobra su nombre… Esperanza, y tanto que la necesitamos.

Miguel esperanza
Miguel Jiménez Güeto./Foto: LVC

Miguel está en el concierto más importante de su vida, eso que se escucha no es el bombo, es su corazón. Eso que se escucha es la pelea del hombre frente a un destino incierto, con lo único que podemos acompañar es con el murmuro de la oración. Todos vamos a ser solistas en un momento dado, ahora le ha tocado a Miguel.

Ánimo que tú puedes, no somos pocos los que esperaremos lo que haga falta, para volver a escuchar, tras el verde manto de la Dolorosa de San Andrés, el bombo de Miguel, el bombo de la Esperanza, la que nunca falta, la que nunca falla.

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