Las bambalinas de Mirabueno


Paso de palio de Nuestra Señora de la Salud./Foto: LVC

Pudo la especulación inmobiliaria hacer que pasara a la historia el enclave aquel del Calvario de Mirabueno. No era mal sitio para que empezara la tarde cada Martes Santo, ni siquiera por el nombre. La imagen aún viva del Cristo de la Agonía recibía los primeros rayos de sol en un enclave retirado del asfalto y por unos metros, tal vez un par de “chicotás”, quizás tres, la Imagen se paseaba entre árboles y vecinos del barrio. Luego llegaron las máquinas, el hormigón y la urbanización de casitas adosadas, para quien pudiera pagarse una.

A una generación de cofrades le han crecido los dientes caminito del Barrio del Naranjo. A otra nos ha salido canas, poniendo rumbo a un barrio retirado al que la mayoría de nosotros no volvíamos a ir en todo el año, más que ese martes del calendario.

Lo mismo que Jesús se dejó por el camino al calvario su salud, a cada gota de sangre derramada se acercaba cada vez más al doloroso paso de la vida a la muerte, por muy temporal que esta fuera. La imagen del Cristo de la Agonía también ha estado dejándose tras de sí la Salud. Nuestra Señora de la Salud, luz, guía y Madre de todo un barrio que ha madurado viendo cada martes santo marchar a la imagen del Señor mientras la Virgen quedaba en su camarín. Con el puñal y las lágrimas, con el pañuelo y con los pocos rayos de sol que encontraban la forma de abrirse paso por los ventanales del templo.

Así como quien no quiere la cosa. Sin prisa pero sin pausa, los incansables hermanos de la Agonía han trabajado y luchado para que llegara un Martes Santo donde, tras la imagen del Señor moribundo en la cruz, le siguiera sus pasos de cerca la Madre, en su flamante paso de palio. Y ese martes santo, ha llegado. Será en este próximo martes santo, del 2018, cuando por fin veamos moverse al son de la música, las bambalinas de un nuevo paso de palio en Córdoba. Y subido en él, la imagen de Nuestra Señora de la Salud.

La primera sorpresa se la llevarán las columnas de la Catedral, a las que esa tarde no les cuadrarán las cuentas. Los naranjos del patio contendrían la respiración, si respiraran. Y los adoquines de la flamante carrera oficial conocerán el roce de las alpargatas de su cuadrilla. Que tiene la misión de llevarla de nuevo al barrio pocos metros por detrás del Cristo de la Agonía, a quien ese martes, hasta el vinagre que le da a beber el infame romano, le va a saber a gloria.

Tras múltiples calles y plazas, y muchas horas después de que se haya escondido el sol, la cruz de guía enfilará la cuesta del Dean Francisco Javier. Es señal de que ya está la cofradía en su barrio. La estampa no será nueva hasta que no agudicemos la vista para ver que la comitiva no se acaba tras el último músico que acompaña al Señor. Detrás vendrá otro tramo de nazarenos. Y detrás de ellos, enfilando la calle, entre farolas y árboles, no costará trabajo ver como avanza el paso de palio. Con su candelería encendida y sus bambalinas moviéndose como si llevaran a la Madre de todo el barrio en volandas hacia el templo.

El calvario de Mirabueno ya no existe más que en el recuerdo de quienes conocimos aquellos años donde la cofradía salía de allí. Pero en el verdadero calvario está bien fijada la cruz donde agoniza Cristo, que sigue dando lecciones a los que estamos desde abajo mirando.

Permítanme que me tome la licencia de imaginarme a esas bambalinas del palio de la Salud, moviéndose por ese tramo de tierra, con el sol y la música acompañando. Permítanme que sueñe despierto unos minutos, al menos hasta que suene el martillazo del capataz levantando el paso. Como si no fuera ya bastante grande el sueño de ver el próximo martes santo en la calle, a la Virgen de la Salud en su paso de palio. Lo que quede de Calvario en el paraje del Mirabueno, llorará de emoción como lo haremos muchos que hemos conocido de cerca el trabajo de una cofradía que va a brillar el próximo martes santo más que el mismo sol.

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