El Mago de Coz


De repente una ventolera saca de capitulares a Dorotea y la traslada al mundo mágico de Coz, donde habitan brujas (que se sepa al menos una), un espantapájaros, un león, un hombre de hojalata y otros seres extraordinarios…

¿Quien no ha visto la película basada en el libro?, donde Dorotea y sus amigos caminan por ese mundo mágico tratando de encontrar a un mago que pueda ayudarla a volver a su casa, y de paso que también solucione los problemas de sus acompañantes: de uno que era cobarde, de otro que no tenía corazón y de un tercero al que le faltaba el cerebro. Si no fuera porque se trata de un cuento infantil, parecería la crónica periodística de unos políticos aldeanos paseando por una feria de muestras.

La historia se centra en el largo paseo que nuestros amigos se dan buscando la solución a sus problemas, por un mundo irreal, lleno de personajes de todo tipo.

En Coz la realidad y la fantasía coexisten, no se puede saber donde termina una cosa y empieza la otra. Es precisamente eso lo único que Dorotea no extraña de ese lugar, es exactamente lo mismo que pasa en su pueblo. De siempre le han contado en su casa que una vez convivieron en paz tres culturas. Las culturas no se pegan ni se matan entre ellas, yo nunca he visto a una cultura atropellando a otra con una furgoneta. Dorotea se ha creído la historia y ahora, paseando por el mítico reino de Coz, no duda en pregonar las bondades de su tierra mientras camina sin salirse de su guión, más rojizo que amarillo en este caso.

En mi tierra tenemos semana santa, tenemos ramadán y tenemos otoño sefardí, va diciendo alegremente por ahí. Y tenemos una catedral dentro de una mezquita que a su vez está rodeada por una judería.

Como literatura infantil, vale, pero uno que ya peina sus canas empieza a dudar si no será más fantástico el lugar de donde la ventolera arrastró a Dorotea, que el mismísimo lugar que ahora pisa, con sus fantásticos compañeros de viaje tratando todos de encontrar soluciones mágicas, a problemas reales.

Dorotea necesita encontrar rápido al mago que la haga volver, ya se está quedando sin trolas y ya está empezando a aburrir a los personajes que va encontrando por su camino, que ya la van conociendo, dicho sea de paso.

A lo lejos se percibe una silueta, ¿será el mago de Coz? No se yo, con 4 patas y largas orejas, más bien parece un asno, todo es posible en un mundo fantástico como este.

A diferencia de donde procede nuestra querida amiga, en Coz los asnos no hablan, pero este lleva al cuello un cartel con una indicación que pone “si quieres volver por donde has venido, colócate detrás del asno y cuéntale las mismas cosas que llevas diciendo desde que has llegado”…

Ahora entiendo porque le llamaban el mago de Coz. Dorotea despierta sobresaltada, ha sido todo un sueño, una cabezadita, el sillón de su despacho es comodísimo. Se asoma a la ventana y respira aliviada, en realidad nunca se movió de su mundo de fantasía, y en los despachos colindantes ve que tiene a su amigo el cobarde, al que no tenía corazón y al que le faltaba el cerebro. El único que se quedó atrapado en sus sueños sin volver fue el borrico, pero se lo puede pedir prestado a los cofrades que hasta el domingo de ramos no lo van a necesitar.

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