La moneda

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Hasta no hace mucho tiempo, en cualquier cofradía, de cualquier parte, para salir de nazareno había que ser hombre, pero eso cambió. Actualmente, para salir de mantilla, hay que ser mujer, esperemos que eso no cambie jamás…

Tiempo atrás, en Córdoba, para estar debajo de un paso, había que ser rueda. Hasta que llegó el costalero asalariado, más tarde el costalero hermano, el costalero aficionado, el simpatizante del costal, el adorador de capataces o el gimnasta sacro… De todo hay en la viña del Señor, ¿de todo?, faltaba la costalera.

A veces las cosas evolucionan para mejor y otras quedan en un movimiento irregular, incoherente, que a veces parece que sí y otras que no. El movimiento se demuestra andando, pero si puede ser “tos por igual y de frente”.  Pero el caso es que no, un costal demasiado apretado puede impedir un correcto riego sanguíneo al cerebro, quien tenga de eso. Por eso a veces desde el submundo “costaleril” salen las situaciones más absurdas que se pueden dar en el ámbito cofrade.

Llegó, para quedarse, toda la parafernalia de la ideología del género, donde tienen que ser iguales las cosas que no lo son. Donde los niños pueden tener vulva, las niñas pene, o ninguna de las dos cosas, o las dos, o mitad y mitad de cada una. Por mucho que queramos cubrir con una capa impermeable nuestro mundillo, de incienso y cirios, de saetas y cruces, al final se nos ha colado y ahora tenemos que lidiar con eso, como buenamente podamos.

En el alejado Barrio del Naranjo, tras la puerta de un cocherón, al lado de la iglesia, aparece la imponente figura de un Crucificado aún vivo, al que un infame romano le está acercando a los labios una esponja empapada. La escena está a medio camino entre el humanitario gesto de dar de beber al sediento, o la penúltima vuelta de tuerca de una soldadesca en un puro afán de ampliar al máximo los padecimientos del condenado. ¿Con qué versión nos quedamos?

Que se sepa, todas las monedas tienen dos caras, todas las historias tienen dos versiones. La hermandad de la Agonía, en su intento de formar la cuadrilla que tendrá que procesionar el paso de la Virgen de la Salud, se ha visto envuelta en un remolino de “dimes y diretes”. Se especuló con la posibilidad de formar una cuadrilla femenina y al final no ha podido ser. Ahora ya no se habla del que iba a ser el más importante estreno de la semana santa de Córdoba este año si no es por ese motivo. Es triste que el mundo cofrade se deje enfangar por cosas que tan alejadas están de la Pasión y muerte del Señor.

El Martes Santo, quien quiera pertenecer al cortejo de la Agonía, lo tiene facilísimo. Me consta que en la humilde hermandad del Naranjo todo el mundo es bien recibido. Si no puede ser con un costal, tienes la  posibilidad de vestir túnica y capirote. Puedes vestirte de mantilla, opción reservada sólo a mujeres, incluso podrías acompañar a los titulares detrás, opción tan extendida, tan cordobesa. Se trata de participar en la procesión, de cumplir con ello una penitencia, de pasar esas horas tratando de reflexionar y de entender el martirio de Cristo en la cruz y su posterior resurrección.

Querida hermana cofrade, si vas a llamar a la puerta de la Agonía, acude dispuesta a dar y no a pedir, llévate una buena carga de humildad contigo y deja el Martes Santo en casa la soberbia o el afán de protagonismo. Acude a rezar con ellos, llévate un pañuelo para secar las lágrimas a la Virgen de la Salud. Querida hermana cofrade, tú decides, si arrimas a la boca del Señor un poco de agua que le calme la sed, o vas a darle vinagre, que lo martirice más.

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