Silencio por respuesta


O la más correcta interpretación del pasaje bíblico donde se le pone la otra mejilla al violento. Cuando estás rodeado por la oscuridad y ves a lo lejos un punto de luz, no necesitas más datos, sólo pies para caminar en esa dirección.

De un tiempo a esta parte todo se ha vuelto obscena provocación, cuando no es olvido y cobardía, a veces burla. No es nuevo, si se burlaron de un pobre reo condenado a muerte cuando podían haber mostrado compasión, dos mil años de lenta evolución no han dado más que un exquisito refinamiento a las mismas artes de antaño.

La próxima celebración que se nos viene encima tiene mucho que ver con la Fe y muy poco con el resto de cosas. La palabra navidad viene de nacimiento. Si ahora mismo estás en la cola de un supermercado comprando los manjares que vas a poner en tu mesa en nochebuena. Si ahora mismo estás en un centro comercial buscando desesperadamente un regalo para un ser querido, y no crees en el nacimiento, ¿qué estás celebrando?

Si los poderes públicos no quieren celebrar una festividad en la que no creen, no monten ustedes un belén en la plaza mayor, no traten de darle publicidad haciendo un cartel. Se trata de una fiesta para vivirla en la intimidad de cada hogar, de cada familia, de cada comunidad. Ha sido a través de la ignorancia y del despropósito de muchos años la forma en que se ha sacado a la navidad de los corazones de las personas y se ha metido en los escaparates de las tiendas, se ha colgado por calles y plazas en forma de luces de colores, se vende por lotes en supermercados o se embotella a presión.

No monten ustedes nada, no malgasten un presupuesto escaso y limitado, que podría servir para otras cosas, en burlarse de la navidad.
Jesús vino para traernos un mensaje, para darnos un poco de esperanza. Una humanidad abandonada a su suerte recibe el más grande de los regalos, y lo arrastra por el fango, le da la espalda y escoge seguir en la oscuridad.

Somos libres, a pesar de ustedes, somos libres para elegir la senda de la luz, o permanecer en la oscuridad. Celebramos un nacimiento, lo hacemos con gozo, pero también con recogimiento. No necesitamos más luz que la que emana del Mensaje de Jesús, no nos hace falta embriagarnos con caldos espumosos de dudosa procedencia. Los excesos nunca fueron buenos.

En cada corazón nace una esperanza, se empeñan en vendernos una navidad falseada cuando sabemos que existe una navidad auténtica, que es un regalo, que no hay que pagar por ella, que no necesita darse publicidad ni viene en frascos de oloroso perfume.

Ustedes pretenden hacernos pagar por su navidad, mientras se burlan de la nuestra, pretenden que ignoremos el regalo y valoremos el envoltorio. Quieren hacernos creer que sólo los pudientes pueden acceder a su navidad de colores, de fragancias, de manjares exquisitos.

A ustedes “les pone” el contraste de unas calles iluminadas con unas bocacalles oscuras, con gente que camina entre escaparates con sus manos llenas, y el mendigo que sostiene un cartel contando su historia, con unas monedas tiradas a su lado. Su navidad de contrastes saca a relucir lo peor de la condición humana, cuando en realidad se trata de celebrar el nacimiento de quien vino a arrojarnos un poco de luz entre tinieblas.

Ante sus burlas, sus despropósitos y su oferta para sumarnos al exceso que nos ofrecen en estos próximos días, elegimos dar un silencio por respuesta y encontrar, en la paz del recogimiento interno y en nuestra Fe, los próximos pasos a dar en la dirección correcta mientras ustedes bailan frenéticos alrededor de un becerro de oro, que no por ser de oro, deja en ningún momento de ser un becerro.