El zelote


En aquellos revueltos tiempos de Jesús, en el territorio aquel, todo el mundo esperaba un mesías guerrero. Los ignorantes aquellos no se habían dado cuenta de que la promesa milenaria del envío de un mesías era mucho más antigua que el período de dominación romana que llevaban padeciendo..

Pero Jesús no venía a liberar a un pueblo que estaba sometido por otro, venía a liberar al hombre, no venía a derramar más sangre que la suya propia. Sin espada ni escudo, en un borrico en lugar de un caballo, entró en Jerusalem con su ejemplo y su palabra como armas.

Han pasado casi dos mil años, eso es mucho. La historia aquella de un libertador de hombres, desarmado y de mirada profunda caló en la conciencia global de una humanidad que ha evolucionado muy poco desde aquellos días. Por eso ha llegado a nuestros días, no se puede manipular porque cada hombre que escucha la historia de Jesús comprueba hasta qué punto encaja a la perfección con la conciencia de cada uno. Nos podemos hacer los tontos pero todo el mundo sabe distinguir lo que está bien de lo que no lo está, y todos nacemos con un incompleto puzzle interior donde la historia viva de Jesús encaja perfectamente.

En estos siglos muchos han muerto tratando de perpetuar el Mensaje de Cristo, lo siguen haciendo en estos días. Sin embargo, asistimos a un fenómeno desquiciante que pone en relieve las debilidades humanas y demuestran de una manera evidente que el hábito no hace al monje.

Desde dentro de una sotana y subido a un determinado púlpito, de una determinada región española, alguien está ignorando el Mensaje de Cristo, lo está sustituyendo por unas proclamas políticas que nada tienen que ver con la historia del Crucificado que resucita. Alguien que está gritando a viva voz, pidiendo a Pilatos de nuevo que salve a Barrabás y que condene a Jesús, alguien que sigue pensando que el mesías tendría que haber venido subido a un caballo blanco con una espada en la mano, y que tendría que haber entrado en Jerusalem cortando cabezas de romanos.

La libertad no tiene mucho que ver con la política y sí con la sabiduría, mal pastor es aquel que lleva a su rebaño al borde del abismo con la falsa promesa de unos buenos pastos. Ningún púlpito, de ningún templo, tiene más razón de ser que difundir el Mensaje de Cristo, para extender el mensaje de Barrabás ya están las tribunas de los parlamentos.

Hasta el mismísimo Pilatos debió de sorprenderse, mientras el sirviente derramaba sobre sus manos el agua de la exculpación. Cuando entre la multitud de enfurecidos judíos vio a algunos seguidores de Jesús que pedían que liberara al zelote, al violento, al terrorista sanguinario de Barrabás sabiendo que con eso estaban pidiendo la condena para su Maestro.

El confuso gobernador romano no tuvo más remedio que soltar al lobo y condenar a muerte al cordero, lo pidió la mayoría. Las mayorías siempre tienen razón. Uno de aquellos dos hombres salió en pocos minutos con una cruz al hombro, entre burlas y golpes, llevándose con él toda la carga y los males del mundo, y el otro salió libre para seguir cometiendo crímenes, y así siguen las cosas desde entonces.

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