Dios te salve, cara-elefante


No hace muchos días, las redes sociales sacaron a la luz un curioso esperpento con marcado carácter de experimento casero con gaseosa.

En Ceuta, y desde hace unos años, una nutrida comunidad de origen hindú, tiene las puertas abiertas del templo católico para hacer una “romería” donde portan en andas a una imagen con la cara de un elefante.

El mismísimo concilio de Trento se les quedaría pequeño a los habitantes de la India, con una “plantilla” de criaturas elevadas a la categoría de dioses que dejan a la de nuestros reyes godos al nivel de la lista de la compra de unos okupas.

De eso se trata, de “okupar”, en este caso un templo católico con la complacencia del propio párroco, vicario de Ceuta. Que después de presentar su dimisión y ser aceptada, ahora se ve restituido en el cargo.

De cara a la galería queda todo muy bonito. La comunidad hindú saca en procesión a su imagen y se acerca a presentar sus respetos a la patrona de Ceuta, a lo que le responden unos rocieros cantándole una salve. Ya nos mostró Walt Disney las andanzas de un elefante volador, pero confundirlo con la Blanca Paloma, se pasa de castaño oscuro. Ver para creer.

Que haya buen ambiente entre la comunidad hindú y la católica está genial, que una representación hindú acuda a una misa y que luego una representación de católicos acuda a un acto religioso de ellos, está muy bien, luego se hace un perol de convivencia, unas fotos, un apretón de manos y cada mochuelo a su olivo. Pero ceder el templo y cantarle una salve rociera a una imagen con cara de elefante deja al descubierto las graves carencias en materia de catequesis que sufren los católicos desde hace unas décadas. Desde que se volvió optativa la asignatura de religión en los colegios. Desde que el fútbol destronó al catolicismo como religión oficial de España, de aquellos barros vienen estos lodos.

Tener libertad de credo está muy bien, es fundamental para una nación moderna, que su sistema jurídico acepte la libertad para creer en lo que cada uno quiera. La convivencia en paz entre todos es más importante que tratar de imponer unas ideas o unas creencias iguales para todos, esos tiempos ya han pasado aunque a veces da la sensación de que estamos a un paso de volver para atrás, pero eso es otra historia.

Para algunos, no habrá diferencias apreciables entre la deidad oriental, y la patrona del pueblo. Para los que no creen en nada está claro, y para los que quieren que los demás tampoco crean en nada, esta es una ocasión extraordinaria para acusar a la Iglesia de casi todos los males. Si hablásemos de cocina todos tendrían claro que no se pueden mezclar los ingredientes de cualquier forma, estamos hablando de religión donde respetar al prójimo y aceptarlo es fundamental, pero cada uno se debe a lo que le dicta su fe. Si no sabemos en lo que creemos, es como si no creyésemos en nada.

Nosotros creemos en el sacrificio de Cristo en la cruz, en su vuelta a la vida. Creemos en la lágrimas derramadas por su Madre al pie de la cruz. Pero si nos resulta así de fácil darle la vuelta a todo y terminar rezándole una salve a una deidad oriental de la que no sabemos nada, nosotros mismos estamos rebajando a la categoría de fábula o de cuento chino, cada latigazo en la espalda del Señor, cada gota de sangre que dejó en la vía dolorosa, cada martillazo en la base de los clavos, cada espina clavada en la sien.

Debemos caminar hacia una humanidad toda unidad con mentalidad de un solo pueblo, creyendo cada uno lo que quiera pero dando por bueno lo que crea el otro, sin imposiciones de nadie, sin menosprecios. Pero a la hora de volver la cara hacia el concepto que cada uno tenemos sobre el Creador, cada uno de nosotros tenemos que postrarnos sobre nuestras propias rodillas y murmurar nuestras propias oraciones. Respetar las oraciones de los otros no tiene nada que ver con hacer de la religión un galimatías confuso donde todo se puede mezclar. Hay una cruz para cada hombro, nadie puede cargar la cruz de otro ni dejar que le lleven la suya. Nadie se puede arrodillar con las rodillas de otro.

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