Nada nuevo bajo el sol


En un espacio como este, dedicado a las cofradías, y en pleno agosto, no sabe uno si es mejor dejar el folio tan blanco como está la mente, tirar de “hemeroteca” o sacar la cabeza por la ventana para ver lo que se cuece en el mundo, en estos calurosos días.

Ya dijo alguien en su momento que no había nada nuevo bajo el sol. Los que sólo saben odiar y matar, están odiando y matando. Pretenden reivindicar su lugar en el mundo, hacerse un hueco a machetazos, cuando no a tiros o atropellando gente, son los mismos de siempre.

No voy a dibujar un crespón negro en este artículo, ni voy a dejar un párrafo vacío como señal de un silencio que no me apetece secundar. No es tiempo de callarse ni de mostrar debilidad alguna. Tenemos derecho a seguir con nuestras vidas, con sus alegrías y sus tristezas. Tenemos derecho a que no nos maten como si fuésemos insectos.

Entendiendo el mundo como un inmenso tablero donde unos y otros desarrollan una partida, donde todos nos lo jugamos todo. Siempre hay a quien beneficia esta clase de actos. En un ejercicio de cinismo que no está al alcance de nuestra corta mentalidad de simples peones, estas cosas pasan por ser “daños colaterales” provocados por unos movimientos en el tablero que dejan a los que hacen las placas tectónicas a la altura de miniterremotos imperceptibles.

Es como una especie de juego, de proporciones colosales y donde muchos mueren o malviven para que se mantenga un cierto equilibrio que no dé al traste demasiado pronto con la diversión de los “semidioses”. Que encaramados en un olimpo financiero y político saben que sólo se puede estar arriba si hay gente debajo, por pura lógica tridimensional.

Siempre hay intereses que están por encima de la vida y de la muerte de muchos. La religión o el choque de culturas es el telón de fondo tras un escenario donde unas marionetas matan a otras, manejado todo desde arriba con unos invisibles hilos perfectamente camuflados con el fondo.
¿Cómo es posible que pueblos que no tienen para comer, estén en posesión de armamento que vale mucho más que el pan al que no pueden acceder?

Y es que a veces, los hilos que mueven las marionetas, a poco que te fijes, se llegan a percibir. Y aunque el suelo que pisas no es un cuadriculado
blanco y negro, formamos parte de una partida donde otros deciden las piezas que avanzan, las que se quedan estancadas y las que son eliminadas del tablero. La sangre mancha mucho pero dura poco en el suelo. La gente tiene poca memoria y menos ganas de saber. El comienzo de la liga se nos viene encima y tras un insignificante minuto de silencio comenzará a rodar el balón, provocando que planee sobre el escenario el dicho popular del “muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Las plegarias se las llevará el viento, las velas se consumirán y la normalidad arrasará con todo, hasta el próximo golpe que sólo unos pocos saben cuando será.

Todo pasa por alguna razón, los movimientos migratorios que están desestabilizando Europa, tendrán su razón de ser para quien maneja los hilos del planeta. Dar un paso adelante en la evolución y otro para atrás, no tiene nada que ver con ningún baile regional ni étnico. No soplan buenos vientos, tal vez no han soplado nunca, pero no nos damos cuenta porque este es el viento que nos está dando en la cara ahora, y otros, como mucho los hemos leído en los libros de historia, quien todavía lea esas cosas. Dios nos coja confesados antes de que el próximo radical escoja la calle por la que estemos paseando para hacerse un hueco en la prensa mundial.

Muchos minutos de silencio no traerán la paz si el director de orquesta sigue moviendo la batuta, que seguirá. Y a todo esto, no se si le puede llamar penitencia aunque sea para justificar un artículo que debería hablar sobre cofradías y que no he sabido encauzar.

En un caluroso agosto, y por muchos años que pasen, seguiremos sin ver nada nuevo bajo el sol.