Tiempo de Glorias


No sé si el calzado que llevo me da para meterme en este charco, pero en cualquier caso, también se nadar…

Con más desconocimiento que cualquier otra cosa, todo hay que decirlo. Permítanme que por una vez actúe como una de esas personas que tanto abundan, de las que “no se pueden callar”. O de las de “lo tenía que decir”, que es como un aviso que se da de que vas a soltar algo que no va a gustar a mucha gente, o que no se lo esperan de ti. A fin de cuentas se trata de una columna de opinión, sólo estoy opinando.

Estamos en pleno tiempo de glorias, las temperaturas no acompañan pero al menos no pasa como en semana santa, donde quien más y quien menos no puede olvidar dónde ha dejado el paraguas o el chubasquero, porque raro es el año donde no se necesita. Es todo muy diferente, unos saliendo a la calle con el chubasquero a mano, y otros con al abanico.

Y a eso quería yo llegar, a las diferencias que hay entre las hermandades de gloria y las penitenciales. Sin entrar en asuntos puramente religiosos o de fe, que en eso tal vez las diferencias desaparecen. No voy a ser yo el que cuestione la existencia de las hermandades de gloria ni las actividades que realizan, Dios me libre, que nada tengo contra ellas. Pero hay un importante grupo de hermandades de gloria, que forman parte de la Agrupación de Cofradías de Córdoba, y no termino de entenderlo.

Desde hace un tiempo, con mejor o peor intención, o por circunstancias del momento, alguien con poder para hacerlo, decidió que en la Agrupación de Cofradías de Córdoba, estuvieran también agrupadas las hermandades de gloria, algunas de ellas, que no todas, desconozco también el motivo por el que no están todas.

Yo de cocina no tengo idea, como para entender esta extraña ensalada, y de labores pastoriles, que no pastorales, menos aún. Pero esto se me antoja que es mezclar churras con merinas, que por algo habrá quedado el dicho popular a modo de refrán.

Hasta donde mi intelecto alcanza, la agrupación existe como un órgano para coordinar, organizar, representar y hasta ayudar a las hermandades cordobesas. Tenemos todavía fresca en la memoria la “hazaña”, me atrevo a calificarlo así, de haber organizado desde cero, la nueva carrera oficial y todo lo que eso acarrea. No es sencillo organizar los desfiles procesionales de semana santa, con media docena de hermandades casi a la misma vez transitando por las calles. No es nada sencillo ponerse a negociar con unos y con otros, la forma de hacer las cosas. Y ¿qué me dicen de ponerle cara a las cofradías en su encuentro con los gobernantes locales, sean del pelaje que sean?

Desconozco los temas en los que las hermandades de gloria tienen voz o voto dentro de la agrupación, pero me consta que para la formación de su junta de gobierno, sí que tienen, cada una de ellas, como una más. Cualquier futuro candidato a presidir la agrupación necesitará “arrimarse” a las hermandades de gloria, porque votando en bloque, tienen potestad para hacer que la balanza caiga de un lado o del otro cuando concurran dos o más candidatos. Es el poder inmenso de las minorías en estos tiempos tan revueltos.

Y ahora pregunto, ¿No sería mucho mejor que las hermandades de gloria se organizasen ellas solas, en una agrupación independiente, con su junta de gobierno, y que abordara sus problemas, que en poco se parecen a los problemas que puedan tener las hermandades penitenciales?

Como dije antes, nada tienen que ver estas palabras con los asuntos de la fe, de hecho tenemos en Córdoba más imágenes coronadas de gloria que penitenciales, lo cual será señal de que devoción y arraigo popular no les faltan.

No se si estoy saliendo del charco, o me queda un tiempo de chapotear en el. Pero tenía que decirlo. No soy el único que piensa así, pero tal vez sí soy el único capaz de decirlo donde muchos se puedan enterar. Al amparo de unas cañas en una taberna cofrade no es extraño encontrarte con cofrades que piensan lo mismo que yo. No se si estoy acertando en ser hoy, aquí y ahora la voz de muchos que no hablan.