Lloran los pinos del coto


pinos
Incendio Doñana./Foto: INFOCA ATLAS

Despidiendo a las carretas, que ya se van poco a poco por el camino de vuelta…

Aún no ha pasado ni un mes, miles, muchos miles de “incivilizados romeros”, “maltratadores de animales” y “adoradores de una inerte imagen”, atravesaron esos parajes. Como todos los años hacen, con sus tamboriles, sus palmas y su envidiable alegría. En Andalucía ya hace mucho tiempo que la cosa está que arde, pero aquellos romeros fueron capaces de atravesar esas tierras sin más rastro tras de si que los surcos de sus carretas, un año más.

Todos los años, salen ecologistas, pseudo-salvadores del planeta, que se llevan las manos a la cabeza por la invasión pacífica que hacen los rocieros al coto de Doñana. Ateos que son, pero capaces de poner el grito en el cielo, un cielo en el que no creen ni cuando miran para arriba, haciendo del sinsentido y la sinrazón su modo de vida.

En 48 horas, Doñana se ha calcinado, por un atontado que arrojó una colilla por la ventana del coche mientras escuchaba reggaeton “a toda pastilla”. Por otro “desequilibrado” más de una larga lista que no tiene fin. Por algún oscuro interés de alguien, no lo se. No hay que ser un lince para darse cuenta de que estas cosas siempre benefician a alguien, y de hecho, mejor no ser un lince en Doñana que tienes todas las de perder, ya estés libre o en cautividad.

Seguramente los pinos del coto no tienen capacidad de llorar, nosotros sí. Pero hace falta hacer algo más que ponerse a llorar por el desastre. En pocos días el Madrid fichará a un nuevo brasileño y eso le robará al coto el interés mediático del que hoy tristemente goza. Arderá otro paraje o se partirá en dos otro petrolero en Galicia, pero habrá más fichajes, más líos de faldas entre famosillos para tapar las hectáreas de tierra calcinada o las manchas negras de las playas. Las prioridades hace mucho tiempo que son estas y no otras.

Los surcos de las carretas no arden, quedan como testigos mudos, y el año que viene se formarán más cuando llegue la romería y su marea de gente. De momento la aldea quedó vacía y en un sepulcral silencio, pero el espíritu rociero nunca se disuelve, nunca abandona el lugar.

Odiosas son las comparaciones, numerosas hermandades rocieras han ofrecido sus casas de hermandad de la aldea para quien las necesite. En oriente existe otro importante punto de peregrinación, igualmente preparado para recibir a muchos miles de personas, pero no han recibido a ninguno de los refugiados sirios que huían del desastre. La aldea del Rocío está hoy abierta de par en par para todos los damnificados por el incendio. Se trata de esos “incivilizados y maltratadores de animales” que sacan en la tele bebiendo y bailando durante horas sin parar, esos mismos, de los que se burlan muchos progresistas modernos.

Ya no se escuchan sevillanas en la aldea, y la Blanca Paloma llora, pero para notarlo hay que saberse acercar. El Rocío no es cante y baile, el Rocío es peregrinación y fraternidad, es dejar abierto el camino para el que por detrás venga, es abrirle la puerta de tu casa, a quien en estos momentos no puede acudir a la suya.

Los cristianos no tenemos la obligación de ponernos a rezar en una determinada dirección, pero hoy podríamos hacerlo mirando para el Rocío. No se puede estar más cerca de Cristo y de su Madre que cuando ofreces lo poco que tienes a quien lo necesite. Rocieros, en cierto modo, somos todos, los que creemos, y en estas horas tristes , más que nunca.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here